ALGO NO DICHO SOBRE EL BULLYING (ACOSO)

Opinión

Algo no dicho sobre el bullying

 

 

 

Gladys Lopreto

 

 

La escuela es un lugar privilegiado de encuentro que recordamos sobre todo por dos cosas: por lo que aprendimos (pese a la mala prensa) y por las amistades que hacemos en la tarea compartida de aprender. Las y los compañeros de aula nos ayudan a conocer más, a vivir momentos de afecto, comprender y ser comprendidos, vivir alegrías propias y ajenas: en una palabra, aprendemos contenidos y aprendemos a convivir. Tal vez esto sea un poco idealizado porque allí, al amparo de esos grupos ligados por la convivencia, incluido el docente, suele darse eso que llamamos bullying o acoso escolar.

 

 

Hace pocos días celebramos el haber llegado a conocerlo y así poder combatirlo, pues  sabemos que hace daño. Tal vez hoy es más frecuente en una sociedad donde ha aumentado la violencia, por ese clima de melancolía social que vivimos según algunos autores, pero debemos combatirlo y la mejor forma es que, aunque no es privativo de los niños, los adultos –padres y docentes- sepamos prevenirlo. Y para prevenirlo necesitamos conocer. Por eso, dentro de las muchas causas favorecedoras del bullying, voy a referirme a un tipo de situaciones no siempre tenidas en cuenta que resultan conflictivas al docente.

 

 

Como sabemos, en la conformación del alumnado es frecuente en nuestras escuelas la presencia de chicos pertenecientes a otras culturas, de otras zonas u otros países, que hablan lenguas distintas o variedades del español distintas a la nuestra. Todos traen a la escuela la lengua y la cultura de su hogar, la que hablan sus padres. Acá vale recordar que existen los derechos lingüísticos como un capítulo de los derechos humanos: el de cada uno a hablar en su ‘lengua materna’. Claro que en la escuela se debe hablar español y así lo aceptamos todos, incluso el niño de afuera, que pasa a ser bilingüe. Ahora bien: ese ‘bilingüismo’ es causa de que, cada tanto o muy frecuentemente, aparezca en su discurso una palabra, un sonido, un ritmo distintos. Y eso a menudo suele ser motivo de risa, burlas, apodos muchas veces descalificadores, que lamentablemente generan inhibiciones, humillaciones, una baja autoestima en el distinto.

 

 

Acá es fundamental la actitud del docente: si rechaza de plano la forma distinta contribuye al bullying, con resultados totalmente negativos: conocimos casos de chicos y también de sus familiares adultos que directamente no hablaban porque habían internalizado que ‘hablaban mal’. Pero si el docente asume que se trata de ‘otra lengua’ y que, como afirman los lingüistas, no hay lenguas superiores ni inferiores, que todas valen, la situación debe resolverse por la pregunta y el diálogo y así llegar a entenderse en un clima de respeto y aprendizaje. Para ello el docente tiene que ser formado en ese sentido, lo que hará que su actitud sea modelo para los alumnos.

 

Además, como decía una lingüista que hoy es miembro de la AAL: confiar en que, en el caso de otra lengua, “los mismos chicos te enseñan”. De ese modo aquellas burlas y apodos, de efecto muy negativo, podrían evitarse si el o la docente tiene claridad sobre este tipo de fenómenos que ocurren con todas las lenguas, y entonces los chicos de hablas distintas no serían humillados así como los chicos locales no se abroquelarían en una falsa superioridad, que a veces los hace sentirse con derecho a ciertos privilegios, incluso abusivos. Con eso no perderemos nada, al contrario: al conocer otra lengua conoceremos mejor la propia.

 

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