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Cuando los pueblos no se apropian de las conquistas

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Cuando los pueblos no se apropian de las conquistas

Héctor Pellizzi

Sin duda el gran éxito del gobierno de Perón fue la aplicación de innumerables leyes sociales que mejoraron la calidad de vida de la población.

Tampoco hay dudas que la popularidad del General, la creación de ese enorme movimiento, la perduración en el tiempo, el fervor y la pasión por la causa peronista, se debió a que el pueblo se apropió de las conquistas del gobierno de Perón. Las hizo suyas, las hizo carne y uña. En eso radicó el tremendo fenómeno peronista, en que las personas se adueñaron de los logros sociales y de la prosperidad económica que el primer gobierno justicialista les había brindado.

Esas conquistas pasaron a ser de cada uno de los trabajadores, se las llevaron a sus casas, las guardaron en los cajones y las colgaron en las paredes. De eso se trató, de una apropiación, de una verdadera y apasionante apropiación. Y defendieron esas conquistas a pesar de los irracionales bombardeos y las toneladas de bombas que cayeron sobre sus cabezas, a pesar de los golpes de Estado y los fusilamientos. Defendieron las leyes populares hasta el paroxismo. Se cargaron al hombro la resistencia, las puebladas, la lucha armada, la toma de fábricas y la clandestinidad. Sufrieron secuestros, torturas y desapariciones. Y todo, por no querer desprenderse de aquel tesoro que arrebataron un 17, en una fuente y en una plaza.

Pasaron las Paso de agosto y me pregunto: ¿A dónde quedó la historia y la memoria de aquel pueblo, para que este pueblo, que pisa un incipiente siglo XXI, no lo recuerde ni se espeje?

¿Por qué no sale a las plazas y no vuelve a su fuente para defender diez años diferentes? ¿Por qué está al borde de entregarle las nuevas conquistas a las mismas manos que bombardearon Plaza de Mayo? ¿Por qué no se apropia de los antídotos de las ollas populares, desempleos, ajustes, corralitos, patacones y lecop, antídotos quer se reflejan en leyes sancionadas? Leyes de movilidad jubilatoria, de asignación universal, de fertilidad asistida, de medios audiovisuales, de medicamentos, de democratización de la justicia, de mercado de capitales, de nulidad de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final, Ley de Financiamiento Educativo, Ley de Educación Nacional, Ley de Educación Sexual, Trata de personas, Ley de Género, Estatización de Aerolíneas Argentinas, Estatización de las AFJP, Banco de datos genéticos, derogación de penas de prisión por calumnias e injurias, Matrimonio igualitario, creación del Ministerio de Ciencia y Tecnología, estatización de Aerolíneas, Aguas y Correos. Subsidios al transporte en Capital y Gran Buenos Aires para trasladar a la inmensa masa de trabajadores que se aglutina en esa región. Prohibición del trabajo infantil y protección del trabajo adolescente. ¿Por qué no se apodera de esas banderas y la hace suya?

Y finalizo, entonces, con esta reflexión: La inmensa mayoría del pueblo no se ha apropiado de estas conquistas enumeradas aquí rápidamente, porque ha perdido la batalla cultural, cuya derrota comenzó a pergeñarse en el gobierno del general Onganía, más precisamente en el período del ministro Krieger Vassena, y fue herida ferozmente por el siniestro plan económico- militar de Martínez de Hoz, para luego ser sentenciada a muerte por el riojano de las relaciones carnales. Recién, a partir de los festejos del bicentenario, se pudo visualizar una embrionaria batalla para la reconquista de los verdaderos valores culturales. Néstor Kirchner ya había vaticinado una noche en Olivos: “Para que la ideología del bien social se haga carne en las personas, debemos vencer primero, la lucha cultural”.

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