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Edgardo D’Anunzio: La guapeza de un zaguero

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Edgardo D’Anunzio: La guapeza de un zaguero

En las cantinas de los clubes, en las peluquerías, en los bares de los barrios y en los cafés del centro, cuando se habla del fútbol de Junín, indefectiblemente, el recuerdo de un zaguero de fibra, guapo, y de personalidad avasallante viene a la memoria de los “más viejos”, y no dejan de contar anécdotas de Edgardo D’Anunzio.

Nació un 8 de agosto de 1943. El barrio “La Loba” lo vio debutar en el River de Junín, “alternado lugares por ser un proyecto sin futuro”, como suele decir. Debutó en 1959, en un torneo nocturno en cancha de Sarmiento, como marcador de punta contra Ambos Mundos. Lo acompañaron, entre otros, Omar Valdés y Brito. Se ganó un lugar en Primera División como marcador central y está en los labios de los nostálgicos aquella memorable formación: Porato, Bustos, D’Anunzio, A. Fernández y Foschiatti.

En el año 1962, Luis Giagante, una de las personalidades más ilustres que caminó las calles de Negreti, lo recomendó a la entidad millonaria. Estuvo seis meses. Fueron sus técnicos Peucelle y Zorsenon. Luis Artime hacía fuerzas para que se quedara en el club de la banda, pero en Junín pidieron una suma mayor a la ofrecida y el pase no se hizo. Después Tito Pironi comenzó a negociar su incorporación a Estudiantes. El fallecimiento de Tito frustró su ida a la entidad “Pincha Rata”. Recién en 1973 se adueñó de su propio pase. Habían pasado 14 años desde aquella noche del debut.

Cuando el “Chacho” Villafañe era técnico de Sarmiento en Primera “C”, le ofrecieron dirigir la máxima categoría del verde amateurs. “Aprendí mucho del “Chacho”, recuerda. Nos cuenta la historia oculta de la llegada de Pasarella al club. “Fue suplente de Melillo porque el “Gallo” era superior. Venía de frustraciones en diversos clubes donde se había probado. Lo trajeron a Sarmiento los tíos. Llegó de Porteño de Chacabuco. No lo conocía nadie. Era un ilustre desconocido que con el tiempo se fue afianzando, se hizo ducho en el profesionalismo en nuestra ciudad. Después fue un grande. Un excelente jugador. Tiene merecido el título de gran capitán”.

En 1978, por recomendación de José Tomino y Horacio Medina fue a dirigir a EL Linqueño. Ese año se consagró campeón. Había llevado a los futbolistas Daniel Gonzáles y Ramón Vega. En 1979 mejoró el equipo con Oscar Avilés y Julio Ramírez y otra vez dio la vuelta olímpica.

Edgardo D’Anunzio se alejó de la práctica del fútbol para cuidar de otra pasión: el olor a tinta de las máquinas impresoras, el ruido acompasado de la rotativa, el parto diario de cada diario. Pero vive en él la gloria de un zaguero que se hizo respetar por propios y ajenos. Y en la galería de los grandes del fútbol de Junín, tiene su merecido retrato.

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