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EL FLACO RAUDINO, AQUEL GRAN MAESTRO

Opinión

EL FLACO RAUDINO, AQUEL GRAN MAESTRO

EL FLACO RAUDINO, AQUEL GRAN MAESTRO

 

 

«El maestro Raudino, con una dirección precisa de actores, lograba capitalizar lo mejor de aquellos…»

 

Caracas, lunes 22 de marzo de 2021
Teatro, recuerdos y duendes

Por Alberto Tucho Ravara

Alberto «Tucho» Ravara

Hace más de un año el talentoso actor y director, oriundo de Junín, Ricardo Talento me contó por chat, que había visitado a nuestro común director José Raudino. La alegría fue inmensa, estaba muy viejito, pero bien!

 

Raudino (Izq) en escena con Enzo Ramos (Der)

Conocí a uno de mis primeros maestros de teatro, hacía los finales de la dictadura de Roberto Marcelo Levingston, o los comienzos de la de Alejandro Agustín Lanusse. Lo que sí la memoria me trae, es la imagen exacta dónde fue. En el teatro de la Ranchería, de Junín, Provincia de Buenos Aíres, Argentina. Era el estreno de la obra de Eduardo Pavlovski, “La Cacería”, dirigida por José Raudino.

Eduardo Pavlovski

El personaje del comunista lo hacía Erardo Alegretti, el del cura Enzo Ramos y el del burgués David Ferro. Seguramente las luces las hacía el gordo Riccini. Cuatro entrañables amigos que al recordarlos acompañan mis horas, en el probablemente para ellos, mi lejana Caracas.

Teatro de la Ranchería

Al traer las imágenes al presente, preciso más nítidamente el momento; fue en uno de los ensayos generales antes del estreno. Yo estaba con un inmenso amigo de aquella época, el poeta Américo Liggera. Sorprendido quedé, cuando, mientras el comunista y el burgués hablaban en los primeros planos, un disparo desde el foro, con un calibre 38 sonó en la sala y se vio el destello de la bala de fogueo.

Ruben Américo Liggera, sketch del libro «pido gancho» con Ravara

Era Pat, el cura. Interpretado por Enzo Ramos; joven, galán y buen actor. Ni hablar de los dos que estaban hacia proscenio, impecables actuaciones. El maestro Raudino, con una dirección precisa de actores, lograba capitalizar lo mejor de aquellos. La puesta en escena de marcados rasgos naturalistas y realistas convencía a la platea.

“La Cacería” de Eduardo Pavlovski

La inteligente conceptualización de Raudino mostraba pinceladas que tenían que ver con el simbolismo y con la influencia del absurdo que también sugería Pavlovski.

Erardo Alegretti (Izq) actuó en «La cacería»

A más de cincuenta años de aquella vivencia, reflexiono que el público en la sociedad de nuestra américa, Argentina y de las provincias del interior deben tener alguna deuda ética y social, con todos los creadores teatrales independientes, que crean, desde la Tierra del fuego al teatro latino en New York.

Luis Buñuel, el favorito de Raudino

Raudino también era un conocedor profundo del cine, no se perdía una sola película, así fuera del neorrealismo italiano, de USA, los western espaguetis, las mejicanas de rancheras o de Cantinflas, el poco cine cubano que llegaba, el cine brasilero, las del sueco Berman, Buñuel, las francesas, las inglesas y por supuesto el cine argentino.

Si uno quería saber quién había sido el directo de tal película, su actriz o su actor y cómo era el argumento. La clase magistral, él la realizaba de manera gratuita, brindando el café en Gran Prix o el Mon Café.

Malena Marechal 

Gustaba contar, todo lo que había aprendido de teatro con los maestros Conrado Ramonet, Néstor Nosera y Malena Marechal. Nos relataba en detalle cómo fue co- fundador del Teatro de Abril, teatro que funcionó en el primer piso del Centro Español y como eran los ensayos.

Ariel De Siervo del Teatro de Abril

Hombre apasionado, bondadoso y riguroso, tenía una vida muy digna y trabajaba como mecánico dental en su hogar. Discutía con nosotros cuando lo visitábamos; sobre teatro, arte y política. Era dulce y nervioso, tenía ideas propias y las sabía defender. Muy celoso con sus actores.

En el caso de quien escribe estas líneas desde la bruma del recuerdo, les informo, que mi persona, había sido antes, discípulo de los maestros Ariel de Ciervo y de Héctor Francisco López. Quizá este último, fue quien me marcó positivamente a fuego, en algunas técnicas de Stanislasvki.

Stanislasvki

En el año 1974, al regresar de una gira muy grande, por muchas provincias de Argentina, con el Nuevo teatro de cámara de la ciudad de Buenos Aires, dirigido por el ya mítico maestro, programador y director David Radner; Raudino tuvo una actitud respetuosa y cariñosa con mi persona.

Alberto Ravara protagonizó “Hablemos a Calzón Quitado”

Ya me había visto bajo la dirección del maestro Héctor López en “Hablemos a Calzón Quitado” de Guillermo Gentile en 1973. Me había bridando gentilmente y sin mezquindad su hermosa amistad y respeto. Confieso y revivo aquella emoción del reencuentro, donde me propuso hacer con Enzo Ramos, su actor preferido, “Crónica de un secuestro” de Mario Diament.

Ravara y Enzo Ramos en «Crónica de un secuestro»

El proyecto era muy atractivo, pero delicado. Se iba a estrenar, y se estreno en 1975. El eje temático de la obra podía confundir a los ignorantes, a los cazadores de brujas y por supuesto a la terrorista “Alianza Anticomunista de Argentina”. Que en ese año perseguía y asesinaba a artista, intelectuales, sindicalistas y políticos impunemente.

El maestro Raudino, ya en aquel tiempo, era un hombre maduro, más bien conservador, pero nos sorprendió al ser el más entusiasmado por el proyecto. Recuerdo que estrenamos el montaje en el Teatro Italiano, en el tercer trimestre de 1975.

Raudino parado en el fondo durante la obra «Crónica de un Secuestro»

La sala estaba repleta de público, y para hacer honor a la memoria quien nos prestó las luces y algo del mobiliario fue el querido maestro titiritero, actor y director Beto Mesa, que luego la fascista dictadora militar de Videla haría desaparecer.

Beto Mesa actuando

A posteriori, realizamos algunas funciones por ciudades de la Provincia de Buenos Aires.
En febrero de 1976, tuve que irme de Junín sin despedirme del flaco Raudino, pues había sido amenazado muchas veces. Luego en septiembre de 1978, partí por los caminos verdes a Brasil y llegue a Venezuela con status de exilado político.

Cuando regresé a Argentina e hice mi primer viaje a Junín en 1985, muchos amigos se acercaban tímida y cariñosamente. Quince amigos que recuerdo, y seguramente la memoria es injusta, me recibieron con inmensa alegría y sin prejuicios. Elsa de Pellizzi, la señora y el señor Prieto, el abogado Fernández, Ricardo Vega, Horacio Ferra, el gordo Guibelalde, Zulema Samperi, Cacho Dos Reis, el bandonionista Lopez, Carlos Carozza, Salomón Luis, Pelusa Casalino, Héctor Francisco López y por supuesto el flaco Raudino.

Coca Prieto

Ya no discutimos con el flaco sobre la realidad y el arte. Hombre inteligente, bondadoso; comprendía mucho más de lo que parecía la realidad de su ciudad, y lo que había pasado. Recuerdo que como consuelo le dije: Jean Paul Sartre, querido flaco, dice: “la realidad es lo que es.”

Cada vez que se abra el telón, en mi hoy lejano Junín, probablemente los jóvenes actores y actrices no sepan o no recuerden que un montón de duendes Trasgos los estarán cuidando y acariciando en ese presente.

Jean Paul Sartre

Es la energía de Beto mesa, de Héctor López, de Ariel de Ciervo, de Chiquito Troyano, de José Martín y tantos otros que pasaron por el Teatro Independiente La Antorcha, el Teatro de Abril, el Teatro Alfa y  Coart. Y por supuesto, estará José Raudino, junto a las poetizas de Asterisco, los cantantes de vocal J, Madrigalista Arte, el Coro Polifónico de Junín.

César Scioli

Aguirre estará pintando un cuadro, y explicará en el café el Galeón la escultura de David, mientras Scioli le dará formas a un mármol, Comuni nos enseñará cómo el electrón va por un conductor. Humildemente también nos dará nuestras primeras clases de historia del arte.

Pero si las actrices y los actores jóvenes de hoy sienten en su sangre un fluir de ritmos, no se asusten, son los muchachos del Rock Nacional que nacieron por aquellos años, y que se empecinan en hacer más humana la vida juninense.

Agnus Dei, los muchchos del rock

No teman los nuevos actores y nuevas actrices al tiempo que pasa, ni a la finitud de la vida, porque el negro Gallardo, Mateo Cianpagna, el flaco Danuncio y tantos otros, seguramente sacarán la fotografía del momento o enviarán nuevos fotógrafos.

Alberto Ravara y Héctor Pellizzi

Estas notas apresuradas, de sintaxis cuestionable, me la pidió el quizás mejor de mis amigos Héctor Pellizzi. Al darme la noticia de que el flaco se había ido a los 92 años.
Mentiroso es el Petiso Pellizzi, el flaco junto con los otros mencionados y otros que no menciono, por mi memoria injusta, estarán siempre invisibles, al lado de los que crean y apuestan por la vida

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