Seguinos en

La Voz de Los Barrios

Escribano: el que entregó a Dorrego y estuvo en Las Palmitas

Noticias

Escribano: el que entregó a Dorrego y estuvo en Las Palmitas

José Buenaventura Escribano, el comandante que fundó el fuerte que después se llamaría Junín, se reveló contra las órdenes del general Pacheco, que exigía dar protección a Dorrego. Apoyó a los insurgentes, emboscó al gobernador y con Mariano Acha lo apresaron. Posteriormente, Manuel Dorrego, sería fusilado por orden de Lavalle.

Escribano, el entregador, compuso las filas de Isidoro Suárez que venció y dispersó a las fuerzas populares en la batalla de Las Palmitas. Una montonera que luchaban por defender la legalidad y que se dirigían al norte para sumarse al Brigadier Estanislao López, General en Jefe de las fuerzas nacionales.

El domingo 27 de diciembre de 1987 fue inaugurado, en Junín, el busto en homenaje al Comandante Escribano, Dicha ceremonia contó con la presencia del intendente Abel Paulino Miguel, autoridades eclesiásticas, el jefe de la Guarnición Militar Junín coronel Jorge Walter Raimondo, el jefe de la comisaría Primera comisario Juan Carlos Amengual, el secretario de gobierno Gustavo Ferrari y la secretaria de Bienestar Social Catalina Candela.

Memoria por Las Palmitas
(7 de febrero de 1829)
Daniel Cormick

¿Será cierto que allá por Las Palmitas
murió el padre de Cruz? Nadie lo sabe.
Solo Borges lo ubica así en un cuento
en que evoca la muerte y el coraje.
Hubo en verdad paisanos que, rebeldes,
enfrentaron las tropas de Lavalle;
del Fortín Federación venían algunos,
con la fuerza caliente del gauchaje.

Era justo ese el fuerte de Escribano,
marcado cual traidor con cruel estigma
por entregar su jefe a los verdugos
después de detenerlo en La Escondida.
La sangre derramada así en Navarro
reclamaba justicia ante el ultraje,
y era Dorrego víctima inocente
augurando terrible desenlace .

Frecuentaba el Fortín sobre el Salado
un lenguaraz, don José Luis Molina,
hombre docto en el habla de los Pampas
y activo payador en la cantina,
que logró convencer a varios hombres,
con su verba encendida y elocuente,
por vengar a Dorrego unirse a Mesa,
sumándose a las tropas insurgentes.

Fue una triste patriada montonera
perseguida por recio regimiento:
marchaba el Coronel Isidro Suárez
con orden de sembrar el escarmiento.
Y en cañada camino a Pergamino
se produjo el encuentro decisivo,
al enfrentar los gauchos con sus lanzas
a cuerpos veteranos y aguerridos.

La sangre de esos criollos y mulatos
mezclada con el polvo se hizo barro,
prolongando la historia miserable
iniciada en los campos de Navarro.
En rápido dictamen de victoria
fue cambiado hasta el nombre del fortín,
homenaje a la hazaña de aquel Suárez
en el campo peruano de Junín.

De los bravos centauros derrotados
no quedará una cruz para consigna,
sus restos insepultos en zanjones
fueron presa de las aves de rapiña.

Grises paisanos, héroes olvidados,
despreciados, llamados bandoleros,
más por ser hombres pobres y sin tierra
que por ser seguidores de Dorrego.

Sus sombras, expresión de la “otra historia”,
Cabalgan, como Vega, en la pradera.

Nota:
El cuento de Borges es Biografía de Tadeo Isidoro Cruz.
El nombre Las Palmitas lo indica José María Rosa en Historia Argentina, tomo 4, pág 102.
Vicente Fidel López asigna importancia al combate y lo ubica en el Partido de Junín. (Historia Argentina,pág 379)
Pero Las Palmitas solo figura como un afluente del arroyo Pergamino, de modo que la localización del combate parece incierta. El mapa del Atlas Histórico Militar Argentino lo ubica aproximadamente al norte de Agustín Roca.

Continue Reading
Arriba