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JOHN WILLIAM COOKE POR NICOLAS CASULLO – II PARTE

Opinión

JOHN WILLIAM COOKE POR NICOLAS CASULLO – II PARTE

JOHN WILLIAM COOKE POR NICOLAS CASULLO – II PARTE

John William Cooke

había sido poco antes de la caída del peronismo nombrado normalizador del PJ en Capital Federal. Cae preso, es llevado a la prisión de Ushuaia, junto con otros personajes que luego van a ser bastante conocidos en la historia nacional como Héctor Cámpora o Guillermo Patricio Kelly. Logran escapar de esa prisión en un episodio bastante cómico, porque escapan vestidos de mujer. Logran situarse en Chile –anticipando un poco aquella otra fuga más cercana de los héroes de Trelew, que también estuvieron presos en el sur y también escaparon hacia Chile.

Nicolas Casullo

Y en Chile Cooke se comunica con Perón, con un Perón exiliado en Centroamérica e inmediatamente Perón, como un tipo de una alta sensibilidad para descifrar como caudillo cuál es la persona que más le conviene en ese momento, lo nombra representante, delegado y casi la figura de él mismo en el “teatro de operaciones”, como solía decir en sus cartas. Ahí Cooke adquiere un relieve muy fuerte sin poder estar en Argentina y organiza los primeros niveles de la resistencia.

Es curiosa esa época porque es una época –estamos hablando del ’57, ’58– donde, por un lado, Cooke todavía no ha alcanzado un nivel de concientización definitiva de lo que puede significar el peronismo en la historia. Tiene una fidelidad absoluta a Perón, al líder. Tiene una conciencia absoluta de que Perón es una pieza fundamental en la historia del peronismo.

Y a su vez, muchas veces Perón se encuentra a la izquierda de Cooke, porque es la época del Perón más resentido, más furioso, más violento, más capacitado y capaz de plantear una resistencia de todas las formas, de todas las maneras, en todos los lugares, con cualquier tipo de armas y, en lo fundamental, del ejercicio de cualquier tipo de violencia grupal, general, solitaria, terrorista, subversiva. Las cartas de Perón en ese momento son un dechado de virtudes, que muchas veces fueron utilizadas luego por las derechas militares o los servicios de seguridad para plantear un Perón, podríamos decir, casi guevarista.

Es un Perón que está absolutamente lastimado, desilusionado de sus propias fuerzas y llamando a una resistencia feroz contra la dictadura militar en ese momento, ya encabezada por el General Aramburu, habiendo atravesado ya los fusilamientos de José León Suárez, habiendo atravesado miles de presos, destituciones y prohibiciones.

 

En ese momento Cooke y Perón se relacionan muy fuertemente y comienza lo que sería la actividad de John William Cooke como delegado de Perón para una misión muy difícil, que es recuperar las fuerzas del movimiento popular desde el llano. Atrás quedaba una historia que era exactamente la inversa: el movimiento peronista se había articulado de arriba hacia abajo, se había articulado a partir de una gran capacidad de maniobra de Perón desde la Secretaria de Previsión a partir del golpe militar del ’43, donde sectores militares nacionalistas, de extraños nacionalistas, lo dejaban actuar.

Entonces, el peronismo se había constituido –más allá de la gesta de octubre, donde se privilegiaron las bases movilizadas–, se había organizado más bien verticalmente, de arriba hacia abajo, a partir de una experiencia de la relación Estado-sindicatos reformulados que le dio fuerzas centrales al movimiento peronista en la organización sindical. Esto lo digo porque Cooke va a ser, en los primeros años, hasta el ’61, ’62, un reivindicador muy fuerte del sindicalismo peronista. Va a ser un crítico del sindicalismo peronista, pero un reivindicador muy fuerte del sindicalismo peronista en el sentido de que va a reconocer, del ’56 en adelante, que es en el gremialismo y en el sindicalismo donde el peronismo tiene la capacidad de resistencia que no tiene en el partido político.

Hay una historia del partido político, del Partido Justicialista a lo largo de la resistencia que, para la izquierda peronista, es una historia absolutamente despreciada. Escribí hace poco un artículo en Página/12 en razón de la reorganización de Kirchner del Partido Justicialista, donde recuerdo esa historia en la que el Partido Justicialista, por lo menos en la época de la resistencia, en la que estaba ilegalizado, y donde como decía Rearte, un cuadro de la resistencia peronista de la izquierda, siempre fue “una cueva de burgueses y entreguistas”. No así el sindicalismo, que tenía de las dos cosas. Tenía negociadores pero también compañeros y conducciones fuertemente resistentes y revolucionarias.

(Continuará)

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