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La mil y una noche de bar

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La mil y una noche de bar

Hernán Calió nació en el Barrio donde estaba el Hogar Obrero y se crió en el FONAVI de calle Rivadavia. Becado en el Liseo de Cultura Inglesa, estudió durante diez años. En el colegio Comercial se recibió de Perito Mercantil y eligió la carrera de Analista de Sistema. Practicó Artes Marciales, a los 13 años ya era 2º Dan. Inauguró una empresa de computación.

En 2001 se fundió en medio del debacle del período neo liberal. Comenzó a trabajar en la empresa D’Arco. Tiempo después le propusieron una subgerencia en la sucursal de Córdoba. Después de dos años de trabajar en la docta, surgió la idea de abrir una pizzería con show al vivo de salsa y merengue, en ese ínterin aconteció lo de Cromañón y por falta de salida de emergencia no habilitaron el local previsto.

De vuelta a Junín, por motivo de incumplimiento de la empresa, la idea de inaugurar una casa con venta de comidas y bebidas seguía rondando, hasta que surgió lo que hoy es Harley. Un bar restaurante en calle Winter frente a la terminal de ómnibus.

Hernán tiene vastos conocimientos en ventas, en distribución de alimentos, manejó una empresa tercerizada de la Anónima, en el sector de higiene, en 35 sucursales, pero curiosamente no sabía nada sobre gastronomía. Así mismo enfrentó el desafío de concretar su ilusión de tener un bar restaurante. Hoy ya lleva 4 años frente al Harley.

La Voz de los Barrios- ¿Por qué Harley?
Hernán– Las motos siempre me gustaron. Para poder comprar la primera motito Motomel, tuve que dejar de fumar. Con el dinero ahorrado de los cigarrillos la compré. Ahí empecé a meterme en el mundo de las motos.

Para mí es un relax, el hecho de tomar la ruta y sentir el viento en la cara es la mejor terapia que tengo. Hoy tengo una Gilera IL 275, una moto tipo choppers. El nombre del Bar es por la Harley –Davidson, que tengo entendido que sus orígenes se remontan a 1903, cuando un joven de Milwaukee, William S. Harley, y su amigo Arthur Davidson fundaron la marca que llevaría sus nombres.

La Voz de los Barrios- ¿Qué tipo de clientela tenés?
Hernán- El punto enfrente de la terminal es muy bueno. Se trabaja de día, mañana y tarde fundamentalmente con gente de otras ciudades. A la noche con parroquiano de aquí. Ya hay una clientela fija. Más que clientes son amigos.

Se terminan armando mesas grandes donde arreglamos el mundo y sus adyacencias. Hay un grupo de intelectuales, poetas y otras yerbas, que practican el arte del coloquio y también de la culinaria, porque organizamos una peña que se llama “Sabores del mundo”.

Nos juntamos todos los jueves y hacemos comidas típicas de cada país. Tratamos de acompañarla con la bebida de esa región. Una vez tuvimos que fabricar saqué. Y después disertamos sobre la cultura de ese país, los orígenes de su culinaria…. También suceden otras cosas interesantes.

En el bar, de lo que menos se trabaja es de barman, trabajás más de sicólogo que vendiendo tragos. Se acercan a la barra y te empiezan a contar historias, problemas, etc. Y uno los escucha, aunque no pueda darle una solución. Además aparecen tipos muy raros, una noche vino uno con una travesti, y jamás se dio cuenta que era una travesti la que tenía enfrente.

Otro se tomó dos botellas de vino bueno y después se fue a la barra a llorar porque había sido el cumpleaños del hijo y no le había podido regalar ni un helado. Y uno piensa que cambiada que tenía las prioridades. Yo trabajo todas las noches y la noche tiene de todo. Gente copada, gente desubicada.

La gente con la cual es lindo tener un trato, un diálogo y están aquellos que no se puede ni hablar y directamente hay que sacarlos. A pesar que la única vez que trabajamos con “patovicas” fue cuando vino el Indio Solari. En cuatro años tuvimos apenas tres problemas que lo resolvimos nosotros. Y esto nos reconforta por que en tantos años no ha sido tan complicado. El Bar es un conjunto de cosas. Me ha dado muchísimas alegrías. Conocí mucha gente. Hice muy buenas amistades.

Aprendí a conocer a las personas en todos los sentidos. Gente que vale la pena y las que no. Lucas Latina, un artista plástico y tatuador nuestro, me regaló un cuadro que está hecho con material reciclado y me dijo. “Por la buena onda del Bar”. También un cliente colombiano me trajo una moto toda hecha de madera de un metro por cincuenta centímetros, que hasta los eslabones de la cadena están hecho de madera, Y estas cosas se agradecen muchísimo.

Tengo un libro que comencé a escribir y que se llamas “Mil y una noche de Bar”. Llevo un par de capítulos que ya se los he leído a algunos amigos y ha tenido buena aceptación.

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