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Pablo Micheli: “Hay que juzgar a los que financiaron el genocidio y que todavía manejan los hilos de la economía…”

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Pablo Micheli: “Hay que juzgar a los que financiaron el genocidio y que todavía manejan los hilos de la economía…”

Pablo Micheli nació el 4 de Julio de 1959 en Ferré. A los 9 años fue a vivir con su familia a la ciudad de Junín, donde reside actualmente. Terminada la secundaria se trasladó a Buenos Aires. Comenzó la carrera de Ingeniería Electrónica Naval. Prosiguió su militancia política en la Federación Juvenil Comunista y Anusate.
En ATE organizó la Juventud estatal y, promediando los ´80, fue elegido Secretario de la Juventud de ATE en al ámbito nacional.

En los ‘90 militó junto a Germán Abdala y Víctor de Gennaro. En 1992 fue parte de la fundación de la CTA.
Luego asumió la Secretaría General, en primer lugar en la ATE porteña y, desde el 2003, a nivel nacional.
Junto a sus compañer@s encabezó luchas contra el neoliberlismo, las privatizaciones de las empresas del Estado, el achique y desguace del Estado durante el menemismo, como así también el despido de trabajadores y la contratación precaria.

Entre 2006 y 2011 fue Presidente de la Confederación Latinoamérica de Trabajadores del Estado (CLATE) que agrupa aproximadamente 4 millones de trabajadores. A partir de 2006 ocupó la secretaria general adjunta de la CTA, representando a la Central en foros sindicales internacionales, fue miembro permanente de la delegación argentina ante la OIT, y miembro titular ante el Consejo del Salario Mínimo Vital y Móvil.
En Septiembre del año 2010 fue electo como Secretario General por mayoría de votos de la CTA Nacional, junto con Ricardo Peidro y José Rigane como los Secretarios Generales adjuntos.

El 29 de mayo del 2014 fue reelecto en su cargo por el 90% de los votos.
Pablo Micheli se dice Marxista, Guevarista y con la bandera bien alta de los derechos de l@s trabajador@s, transitando el camino de la liberación hacia una Central de masas clasista, antiimperialista y anticapitalista.

Héctor Pellizzi- ¿Cómo vivió los primeros días del golpe de Estado de 1976?
Pablo Micheli- Provengo de familia humilde y esclarecida políticamente. Mi padre con el tiempo llegó a tener una pequeña proveeduría en el balneario Laguna de Gómez de Junín. Les envolvía con el diario, órgano del Partido Comunista, el kilo de papas a los clientes y les decía: “Después léalo, hay un artículo muy bueno allí”.
Los militares lo fueron a buscar en pleno día. Lo secuestraron a la vista de todos. Después le confiscarían el negocio. A mi madre la detuvieron en nuestro domicilio de Francia 285. Yo tenía 16 años. Después de horas de incertidumbre con mi hermano los fuimos a buscar por las comisarías, por el distrito militar y el cuartel, donde nos negaban su paradero. A la comisaría 1º fui con mi hermana, que tuvo un ataque de rabia y comenzó a gritar. En ese momento llegó Esrelich, que era un sujeto bastante alto y robusto y me dijo: “Hacela callar a esa pendeja de mierda porque sino la vamos a violar entre todos”. Eso me asusto, el tipo estaba vestido con el atuendo de policía y con la gorra típica de la bonaerense.

Para mí fue un golpe muy duro. Había mucha angustia sobre todo en mis hermanos menores y mis abuelos. Endurecí de golpe. Tuve que ponerme en una situación de adulto cuando no lo era. Quince días después nos dijeron que estaban en Mercedes. Yo había crecido con las enseñanzas de mi viejo por eso cuando lo vi sentí una sensación terrible de injusticia. Lo vi esposado, más flaco, con el pelo corto, demacrado y con algunos magullones en la cara. Me miró con cara de tristeza, preocupado. Pero me pidió que me quedara tranquilo, que los abogados del Partido estaban trabajando. Después pude hablar con mi mamá, Carmen Riquelme. La vi más firme que a mi viejo. También me pidió tranquilidad. Sufrí mucho en la escuela y en el barrio por la discriminación, con excepción de pocas personas y algunos compañeros de clase, que de alguna manera me contuvieron.

En ese ínterin el Comisario Penna dio una charla en el colegio Nacional. Era de lo peor, un pistolero… “…Tiran balas, con un tiro en la cabeza a cada uno le vamos a responder…” decía. Y yo con mis padres presos me puse muy nervioso y no se que le dije interrumpiendo. Penna le preguntó al profesor cual era mi nombre y al escucharlo me grita:”Aaah… hijo de subversivo tenía que ser…” La pasé muy mal, muy discriminado, con un miedo que mi rebeldía no lo hacía notar.

Héctor Pellizzi – ¿Qué pasó cuantos tus padres salen de la cárcel?
Pablo Micheli- Quedamos en la vía porque les sacaron la cantina de la Laguna. Mi viejo había gastado una fortuna en la construcción de material, porque en aquel tiempo las casillas eran de madera. Había comprado todo nuevo, levantó más de 180 m2 por un acuerdo con el Intendente que estaba antes del golpe. Y se la confiscaron. El que se la quedó fue un tal García, que tenía la concesión de la Terminal de Colectivos. Nunca ningún gobierno cuando vino la democracia lo indemnizó. Tampoco nunca él reclamó nada. Tengo la imagen de mi viejo detrás de un tablón con dos caballetes vendiendo sombreros y hojotas en un espació que le permitió Carena. Pero esto duró poco, creo que apenas la temporada de verano. Las dificultades económicas y las constantes amenazas hicieron que nos fuéramos de Junín y nos instalamos en Villa Caraza, en el Partido de Lanús. Recuerdo que las paredes de la casa eran así de finitas y con techo de chapa. Las aguas del Riachuelo pasaban a 20 metros, el olor a podrido era insoportable. Tengo la imagen de mi vieja con la brocha gorda pintando los ladrillos y las lágrimas corriendo por sus mejillas.

Héctor Pellizzi- La dictadura a que nos tocó vivir a partir del 76’ fue atroz y con una crueldad ilimitadada ¿A que le atribuye tanta criminalidad y tanta diferencia con las otras dictaduras militares?
Pablo Micheli- Por un lado los jóvenes de aquella época eran grandes cuadros políticos de las distintas organizaciones. Sabían lo que querían. Por otro lado las organizaciones obreras combativas que habían encolumnado a los trabajadores por arriba de las burocracias sindicales y que hicieron el rosariazo, el cordobazo, y que junto a los grupos de resistencia terminaron subestimando al enemigo. La dictadura no. Y salieron a matar. La instalación de un plan económico por parte de los sectores que concentraban el poder motorizó la masacre. La derecha tiene la particularidad de que en la hora de tomar decisiones tiene más claridad que aquellos que estamos dentro del campo popular. Nosotros discutimos, nos peleamos, nos dividimos, el árbol nos tapa el bosque, el sectarismo nos obnubila. Ellos no. Son contundentes. Cuando la derecha vio el gran movimiento de masas que no sólo tenia posibilidad de tener organizaciones armadas, sino de ejercer un proceso político a favor de los trabajadores y que amenazaba sus privilegios. No tuvieron dudas y decidieron cortar drásticamente. Y cortar para ellos fue cortar cabezas literalmente.

Si hubiéramos podido mantener la democracia desde el 73 hasta ahora seríamos un país soñado. Si las entidades intermedias no hubieran tenido complicidad con la dictadura, no se hubieran puesto a tomar mates con los jefes militares y dejarse avasallar por los que ostentaban el poder económico, seguramente se habría evitado la masacre. Masacre que continúa ahora agrediendo al medio ambiente, que genera fenómenos climáticos de gran destrucción. Es la misma enfermedad de obtener ganancias y más ganancias que no titubeó en matar, ahora no titubea en desmontar y arrasar con los bosques para sembrar soja. La situación es tremenda. La muerte de tantos compañeros valiosos y el miedo que incrustaron en la sociedad, nos está llevando más de treinta años en decidirnos por la construcción de una sociedad más inclusiva, más igualitaria. Preciamos de justicia, precisamos enjuiciar al poder económico, acá hay que juzgar a los que financiaron el genocidio y que todavía manejan los hilos de la economía.

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