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¿Quiénes son los pueblos indígenas?

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¿Quiénes son los pueblos indígenas?

Aunque mucho se ha dicho y escrito sobre este tema, subsiste en la comunidad global el convencimiento de que los indígenas (Indígena es toda persona que manifiesta descender de los pueblos y comunidades autóctonos que “estaban antes” de los procesos de conquista, colonización y nacionalización que desencadenó la expansión mundial de las naciones europeas) pertenecen a un tipo de sociedad que, por razones que nunca se explicitan del todo, sobreviven actualmente como residuos de sociedades antiguas que no se han integrado completamente a la sociedad mayoritaria. Por ello, se sostiene, viven en condiciones materiales deficientes, presentan altos índices de desnutrición infantil, mortalidad y analfabetismo, y poseen una escasa participación en la vida política global.

Estas concepciones, que presentan a los indígenas como sociedades incompletas e imperfectas y que tienen su arraigo en certezas decimonónicas sobre la existencia del progreso social unilineal, se reflejan en categorías tales como “minorías empobrecidas” «grupos vulnerables», «sector careciente», «grupos marginados», «segmento social atrasado», etcétera.

El problema de las categorizaciones sociales es que ellas configuran los derechos que los grupos en cuestión están autorizados a reivindicar y determinan la orientación y diseño de las políticas públicas. Así, es factible que se acepten –y propicien– demandas de asistencia económica, pero se califiquen como «excesos» intolerables las reivindicaciones de autonomía política de los pueblos indígenas.

Un enfoque basado en las categorías antedichas sostiene que la existencia de los pueblos indígenas es una cuestión circunstancial que se da en un momento determinado, pero que puede –y debe– cambiar si se adoptan medidas positivas dirigidas a alcanzar su gradual integración en la sociedad global civilizada.

Siguiendo estas perspectivas, en Argentina se han implementado sucesivos planes y programas de integración que según las épocas se llamaron «reducciones”, “reservas”, “colonias” o “misiones», y cuyo objetivo principal era la «radicación» de los indígenas a la tierra como campesinos o peones rurales. Pero estas políticas de invisibilización de la diferencia fracasaron de unos años a esta parte, tal cual lo demuestra la importante reemergencia de las identidades indígenas, el fortalecimiento de sus formas organizativas propias y su accionar como actores políticos sui generis en el orden interno e internacional.

Algunas razones del incremento de Pueblos Originarios registrados en la actualidad
La comparación del mapa de la distribución de los pueblos indígenas de 1973 con el registro actual de comunidades indígenas del Instituto Nacional de Asuntos Indígenas va derrumbando sin duda muchos de los preconceptos que circulan en los discursos hegemónicos de la sociedad argentina.

Lo primero que surge a la vista es que en algunas provincias que en esos años mostraban una ausencia total de indígenas, en este momento existen comunidades que no solo han solicitado la personería jurídica ante el estado nacional, sino que han demostrado conservar pautas de la organización social, prácticas culturales y aún lingüísticas propias y profundos sentidos de pertenencia. En segundo lugar, frente a un primer Censo Indígena Nacional que sólo tomó en cuenta la población aborigen rural y la que vive en comunidades, y en relación al preconcepto muy extendido de que si hay indios en la Argentina, éstos deben estar en las zonas rurales y cercanas a las fronteras, se debe destacar el volumen creciente de migración de la población aborigen a las ciudades.
En tercer lugar, frente a un discurso oficial que hablaba de los “indios que habitaban el suelo argentino” como una realidad arqueológica, o que auguraba –y aún lo hace– la muerte y desaparición de esos pueblos y sus lenguas y culturas, y a pesar, o quizás justamente a causa de las condiciones de extrema pobreza y exclusión de la mayor parte de los aborígenes de nuestro país, en los últimos años se han multiplicado las acciones, emprendimientos y reclamos de organizaciones y comunidades indígenas en distintos lugares del país.

Los derechos de los Pueblos Originarios en la Constitución Nacional
Artículo 75, inciso 17: «Corresponde al Congreso reconocer la preexistencia étnica y cultural de los pueblos indígenas argentinos.
Garantizar el respeto a su identidad y el derecho a una educación bilingüe e intercultural; reconoce la personería jurídica de sus comunidades y la posesión y propiedad comunitarias de las tierras que tradicionalmente ocupan; y regulan la entrega de otras aptas y suficientes para el desarrollo humano; ninguna de ellas serán enajenable, transmisible ni susceptible de gravámenes o embargos. Asegurar su participación en la gestión referida a sus recursos naturales y a los demás intereses que los afecten. Las provincias pueden ejercer concurrentemente estas atribuciones».

Pueblos originarios: cultura, identidad y urbanismo
Mantener vivas las tradiciones de una cultura rica y poderosa que nos trasciende en la historia y que cada vez se nos presenta más orgullosa y cercana es el principal deseo de las comunidades originarias que residen en el Conurbano.

La comunidad tupí guaraní Hipólito Yumbay fue una de las primeras en lograr el título comunitario de sus tierras en el gran Gran Buenos Aires, del barrio Almafuerte en la localidad de Glew. Fue en 1999 que lograron mantener su residencia tras resistir durante largos años la amenaza de desalojo, y entre el 2001 y el 2002, lograron frenar un intento de expropiación.

Hoy se reconoce un gran cambio en la vida de los pueblos originarios en el conurbano, atendiéndola como “una cuestión urbana”, ya que en la actualidad muchos de los pueblos se están urbanizando por la necesidad de trabajar y sobrevivir.

“Uno no deja de ser guaraní porque está en la ciudad”, expresa el referente de la comunidad de Glew, Mario Valdez, quien destaca que el desafío pasa por mantener una cultura, una identidad dentro de la urbe.
Desde su propia experiencia, la comunidad de Almirante Brown participa activamente del debate sobre la reforma al Código Civil, sobre la propiedad comunitaria indígena y es pionera en materia de comunicación, ya que ha sido la primera en obtener una licencia de radio en el marco de la nueva Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual.
La radio ha sido un paso muy importante para la comunidad integrando la “comunicación con identidad, es un instrumento muy importante, más allá de que nosotros los pueblos originarios tenemos una comunicación tradicional que son las asambleas, la comunicación oral que es la transmisión de padres o de familias a los hijos. (La radio) es para comunicar desde adentro de la comunidad hacia afuera toda la cultura y la problemática de los pueblos originarios”, explicaba Mario Valdez.

El derecho a las tierras
A 521 años del inicio de la Conquista Europea, recién se están superando situaciones referente a los derechos de los pueblos indígenas, pero todavía falta trabajar la reivindicación territorial dentro del Estado Nacional”, aseguran sus representantes. En tanto en el ámbito nacional, hasta el 23 de noviembre de 2013, continúa en vigencia la ley 21.160 sancionada en el año 2006, que declara la emergencia en materia de posesión y propiedad de las tierras que tradicionalmente ocupan las comunidades indígenas del país. Al respecto, Amnistía Internacional advirtió sobre las demoras en el reconocimiento de la propiedad de las tierras ancestrales de los pueblos indígenas. Y sostuvo que en los 8 años transcurridos desde la declaración de emergencia original “es poco lo que se ha avanzado” con el relevamiento de las tierras que ocupan las comunidades indígenas.

antropóloga Morita Carrasco

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