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Sebastián Torrico, el de la mano que le prestó Dios

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Sebastián Torrico, el de la mano que le prestó Dios

Sebastián Torrico nació en Mendoza el 22 de febrero de 1980. Debutó en Godoy Cruz. Jugó en Argentino Jrs. y llegó en abril de 2013 a San Lorenzo para cubrir el puesto de Pablo Migliore, detenido por una causa de encubrimiento. Debutó en la Copa Argentina atajando dos penales contra Deportivo Morón.
Foto: Rodolfo Bertone (Iz) presidente de la Peña “Nido de cuervos” y Sebastián Torrico (Der)

Al término de la temporada detuvo cinco penales en total. Se caracteriza por tener paciencia y esperar que el pateador se decida, para después moverse velozmente. Mantuvo el arco invicto durante 540 minutos. Torrico tuvo su partido consagratorio, cuando su mano izquierda evitó el gol de Vélez en el último minuto en un mano a mano con Agustín Allione, quien remató con violencia y encontró el reflejo del arquero, que desencadenó en una ataja fenomenal.

Héctor Pellizzi- ¿En qué club te iniciaste futbolísticamente?
Sebastián Torrico- En Andes Talleres. Debuté en primera división a los 17 años y jugué hasta los 21 cuando pasé a Godoy Cruz. A los 28 años vestí los colores de Argentino Jrs. En 2013 llegué a San Lorenzo.

Héctor- ¿Cuántos partidos jugaste con San Lorenzo?
Sebastián- Jugué 26 o 27 partidos. Fue un saldo muy positivo, porque con esa cantidad de partidos poder llegar a la final de la Copa Argentina y posteriormente salir campeones, con todo lo que significa, fue muy efectivo.

Héctor- ¿Qué partidos recoradás con mayor afecto?
Sebastián- El debut contra Morón, donde me tocó atajar dos penales y también el de Boca , mi primer clásico que por suerte lo pudimos ganar. Pero el partido que más me marcó, fue contra Velez, porque reflejó todo lo que el equipo venía haciendo.

Héctor- Saliste campeón y viajaste a Roma a ver al Papa…
Sebastián – Fue una emoción muy grande, un sentimiento que nunca había experimentado. Me dijo que iba a poner una foto mía en su museo y yo le regalé los guantes.

Una gloria llamada Sergio Villar

 

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Sergio Bismark Villar es una leyenda para la parcialidad azul-grana. Jugó 461 partidos, durante 13 años, con la casaca de San Lorenzo. Con suma humildad, que seguramente lo ha caracterizado toda su vida, conversó con Héctor Pellizzi, director de La Voz de los Barrios:

Héctor Pellizzi- Llegaste desde Uruguay con apenas 24 años. ¿Habías escuchado hablar sobre la gloria de los “Cara Sucias”?

Sergio Villar- Para nada. No tenía ni idea. Venia de Defensor de Montevideo. En aquella época las comunicaciones eran muy precarias. Mi suerte fue que el técnico era el brasileño Tim, con un esquema futbolístico lírico, dejaba jugar, que el futbolista hiciera lo que sabía, tenía libertad de acción. Yo era un número cuatro que dominaba muy bien la pelota. Eliminaba al wing sin exabruptos, sin ir al bulto, lo acorralaba contra la línea y le sacaba la pelota con habilidad. Se quedaban sorprendidos porque estaban acostumbrados a marcadores ásperos, férreos, fuertes y yo era todo lo contrario. Ya con el balón dominado me mandaba al ataque. No era muy común en aquella época. Pero lo podía hacer porque tenía compañeros como Telch y Albrech de muchísima experiencia.

Héctor- En 1968, en tu primer año en San Lorenzo, saliste campeón invicto y entraste a la historia con el equipo llamado popularmente “Los Matadores”

Sergio- Sí, fue el mismo año que llegue desde Uruguay. Tim creyó en mí, me dio la número cuatro y yo la defendí. Tuve la suerte de caer en un equipo con hombres experimentados, Coco, Veglio, la “bruja” Verón, Albrech… “Los Matadores” fueron los primeros campeones invictos de la historia del fútbol argentino de 1º división profesional. En el 72’ ganamos el Metropolitano y el Nacional con Lorenzo como técnico. Un equipo táctico con grandes figuras como Chazarreta, Espósito, Ayala, Cacho Heredia…

Héctor- Volvieron a salir campeones en el 74’ con Osvaldo Zubeldía…

Sergio- Fue un equipo conformado por algunos “Matadores” y muchachos que se incorporaron como Beltrán, Olguín, Anhielo… Zubeldía confiaba mucho en lo jugadores grandes, con experiencia. Ese año fue el único año que jugué de número tres, faltaba un jugador para ese puesto, me probaron y acepté. Mi puesto fue ocupado por Glaría.

Héctor- ¿Qué pasó en 1981, año del descenso de San Lorenzo?

Sergio- Jugué los últimos tres partidos ese año, cuando Lorenzo reemplazó a Victorio Cocco que me había sacado del equipo por una cuestión política. Al año siguiente culminé mi carrera en All Boys.

Héctor- ¿Qué wines te quitaban el sueño?

Sergio- Y había muchos buenos. Me tocó marcar a Oscar Más, que adelantaba la pelota y salía como una bala, a la “Bruja” Verón, que tenía una habilidad espectacular, al Guerini, el flaco de Boca…

Héctor- ¿Cuál es el gol que más recordás en tu carrera?

Sergio- Hice seis goles. Uno a Boca, que tiré un centro y se la comió Gatti. Le hice un gol a Colón, otro a Banfield, ese fue un lindo gol. Después no me acuerdo…

Héctor- ¿Por qué el apodo de “sapo”?

Sergio- Yo vivía en un barrio donde había pendientes y se deslizaba el agua que hacía charquitos. Se ve que un vez pasé y me tiré al charco que había en una esquina y una vecina me vio chapalear y le dijo a la madre: “Mirá mamá, parece un sapito…” y ahí me quedó.

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