Por Luciano Siqueira
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A pocos meses de la elección presidencial, la incidencia de alianzas políticas “caleidoscópicas” —en los dos polos opuestos de la disputa— gana fuerza.

Más allá de especulaciones meramente subjetivas, cuando no tendenciosas, y de la frustración del complejo mediático dominante por el fracaso de una pretendida candidatura de la llamada “tercera vía”, el centro político conservador, de reconocida fuerza electoral, es disputado tanto por la amplia frente democrática y progresista reunida en torno al presidente Lula, como por la articulación de la extrema derecha representada por el senador Flávio Bolsonaro.
En un editorial reciente, el Portal Vermelho evalúa que el gobierno de Lula logró estabilizar su base de izquierda y busca aprovechar las fisuras en la oposición para avanzar sobre el electorado y los segmentos de centro-derecha, indispensables para el éxito electoral pretendido. (1)
Ese movimiento adquiere formas nítidas en las composiciones que se configuran para la disputa de los gobiernos estaduales, a menudo en disonancia con el posicionamiento nacional.
Tan necesaria como contradictoria

João Amazonas
Cierta vez, al escuchar de João Amazonas su predisposición al diálogo con Aureliano Chaves, entonces vicepresidente de la dictadura militar ya en franca decadencia, le pregunté por lo inusual que me parecía: “Mi querido, ¿conocés algún caso en la Historia en que nuestras fuerzas hayan avanzado sin dividir a las huestes enemigas?”, respondió.
Pero lo que parece obvio muchas veces no se comprende. La estrechez, el sectarismo y el voluntarismo miope suelen rechazar alianzas políticas diversificadas.
Lenin, en su tiempo, libró una intensa batalla contra corrientes sectarias dentro del partido y grupos voluntaristas e inconsecuentes que en la vieja Rusia también combatían al zarismo, así como en los movimientos revolucionarios europeos de entonces.
En “El izquierdismo, enfermedad infantil del comunismo”, de 1920, (2) critica concepciones estrechas e inmediatistas predominantes en el movimiento revolucionario europeo. Sostenía que, para derrotar al enemigo principal, es necesario explorar las contradicciones en su entorno, atraer a todas las corrientes susceptibles de una alianza, aunque sea temporal, y neutralizar a aquellas que se apartan del enemigo pero permanecen reticentes.
Proponía a los partidos revolucionarios la máxima amplitud y flexibilidad sin perder la identidad propia. En el interior de la amplia coalición, la relación dialéctica entre unidad y lucha —conducta que ya había defendido en “Dos tácticas de la socialdemocracia en la revolución rusa”, en 1905, durante la lucha contra el zarismo. (3)
Este ha sido un elemento esencial en la concepción táctica adoptada por el PCdoB, sobre todo a partir de su VI Conferencia Nacional, en 1966.
Límites de la correlación de fuerzas
En Brasil, la coalición de fuerzas del campo popular y democrático liderada por el PT desde 1989 aprendió a superar concepciones estrechas y sectarias a lo largo de una rica experiencia de derrotas y éxitos.
Pero incluso en los gobiernos Lula 1 y Lula 2, en una coyuntura internacional en muchos aspectos favorable, limitaciones de orden subjetivo (la falta de un proyecto nacional claro y bien definido) y objetivo (la fuerza real de los sectores de la clase dominante incorporados a la coalición) determinaron los límites de los resultados alcanzados.
En el actual gobierno Lula 3, en una coyuntura internacional e interna desfavorable, esos límites son mayores, tanto en relación con puntos esenciales de la Plataforma de Reconstrucción Nacional adoptada por la frente victoriosa en 2022, como en las políticas sociales compensatorias (Mi Casa Mi Vida, Luz para Todos, Pé de Meia, etc.), que chocan con obstáculos presupuestarios bajo la presión del llamado mercado financiero.
Además, antes y ahora, el discurso gubernamental (salvo breves destellos circunstanciales) se mantiene marcadamente “economicista” y, por lo tanto, resulta insuficiente para esclarecer y elevar la conciencia política de su base social.
En realidad, la frente amplia ha incorporado (correctamente) sectores de la clase dominante que algunos analistas caracterizan como “gran burguesía interna” (4), que a veces asimilan propuestas progresistas (gobiernos Lula 1, Lula 2 y Dilma), y otras actúan como freno —en el parlamento y dentro del propio gobierno— a pasos más audaces que puedan enfrentarse con intereses del capital financiero, del agronegocio exportador y de los monopolios del comercio minorista (actual gobierno Lula 3).
Por esa razón, incluso en coyunturas relativamente favorables, los gobiernos Lula 1 y Lula 2 nunca se animaron a dar pasos efectivos hacia reformas estructurales.
Audacia y amplitud
La Resolución Política del XVI Congreso del PCdoB plantea “una amplia frente en defensa de cuatro banderas: soberanía nacional, democracia, desarrollo y valorización del trabajo” como indispensable para la reelección del presidente Lula, “abarcando centro, centro-derecha e izquierda, bajo el impulso de la unidad y movilización del pueblo”; “reunir fuerzas para defender la soberanía nacional, proteger y ampliar la democracia, promover el desarrollo y la defensa de la economía brasileña, garantizar mejores salarios, más derechos, una vida digna para el pueblo… incluso bajo pesados condicionamientos, entre ellos el hecho de ser un gobierno con minoría parlamentaria, con un Congreso Nacional bajo la hegemonía del conservadurismo, con una numerosa bancada de extrema derecha; el fuerte poder de la oligarquía financiera, que se fortaleció con la nefasta ‘independencia’ del Banco Central; el fuerte ataque del gobierno Trump; y una sociedad fracturada, bajo la influencia de la política y los valores de la extrema derecha.” (5)
Es decir, un paso adelante respecto del actual gobierno, pese a la compleja y en muchos aspectos adversa coyuntura mundial e interna.
La clave del éxito implica elevar el nivel de conciencia y organización del pueblo.
Esto, en un cuadro general de fragmentación del proletariado y de otras capas asalariadas, y de expansión del trabajo informal; con un todavía incipiente rediseño de las formas de lucha, organización y enfrentamiento de la llamada “guerra cultural”.
Ante semejante desafío, en la etapa final del actual gobierno y en la campaña que se aproxima, resulta indispensable ajustar el discurso más allá de la habitual rendición de cuentas de las “entregas” sociales y económicas inmediatas. (6)
Referências
(1) Direita e extrema direita se dividem, Lula une a esquerda e busca a centro-direita https://vermelho.org.br/editoriais/direita-e-extrema-direita-se-dividem-lula-une-a-esquerda-e-busca-a-centro-direita/
(2) Lênin: Esquerdismo, Doença Infantil do Comunismo
(3) Duas Táticas da Social-Democracia na Revolução Russa
(4) Boito Jr., Armando: Reforma e crise política no Brasil – os conflitos de classe nos governos do PT – Editora Unicamp/Editora Unesp Editora Unicamp/Editora Unesp
(5) Resolução Política do 16º Congresso do PCdoB https://pcdob.org.br/documentos/resolucao-politica-do-16o-congresso-do-partido-comunista-do-brasil-pcdob/
(6) Luciano Siqueira: Guerra das tarifas abre chance da esquerda ir além do economicismo governamental. Portal Grabois https://grabois.org.br/2025/07/24/guerra-tarifas-oportunidade-esquerda-alem-economicismo-governo/
*Publicado simultaneamente no Portal Grabois https://grabois.org.br/
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