Manuel Retes: “si mil veces naciera, mil veces sería médico”
El 29 de abril es el cumpleaños del Manuel Alberto Retes, uno de los pediatras más importantes de la medicina nacional, escritor de real valía, fue presidente de la Biblioteca Florentino Ameghino.
¿Qué secretos le trae esta canción llamada Mi China, de Chabela Barrios?
Muchos, imagínese que en estos momentos tengo a mi China en México… Fíjese…
Ud. ha sido un hombre de muchas Chinas…
Y sí, he “chinateao” bastante, pero siempre con todo respeto.
¿Y los amigos?
Bueno, eso es una palabra mayor…
¿Y los libros?
Casi tan mayor como los amigos.
Qué noche…
¿café o mate?
Mire, yo tendría que decir mate por una cuestión telúrica, pero tomé tanto mate cuando era estudiante que le voy aceptar un cafecito.

Manuel Retes un 24 de marzo en Junín (B) recordando el golpe de 1976
¿Era vago como estudiante o aplicado?
Era muy estudioso… Cuando en algunos momentos se me iban las ganas de estudiar me acordaba de mi viejo hombreando bolsas… Y ya sabe…
A esta altura, los oyentes deben estar sabiendo que este hombre que tengo a mí frente es el Dr. Manuel Retes, para mi es un orgullo, un placer tenerlo… Vamos a pasar una hora en paz… Yo no tengo paz ¿y Ud.?
Qué cosa, ¿no? Yo sí, soy un hombre que tiene paz, soy lo razonablemente feliz que puede ser una persona, con todos los avatares, las zancadillas que nos propina el destino, y no tanto el destino, sino uno mismo. Me reconozco muchos errores y otros no, porque los seres humanos somos así, bastantes compadritos…

Héctor Pellizzi y Manuel Retes
¿Para que se sitúen los oyentes, ¿Ud. dónde nació?
En Balcarce, mi padre tenía un forrajería y mi abuelo, español, que me enseñó a leer antes de ir al colegio, era talabartero, pero muy acriollado y de allí viene mi amor por la gente del campo.
¿Y en su niñez, fue feliz?
Mucho… Hasta los 11 años, después hubo algunos porrazos, porque terminé con mis huesos en un colegio pupilo durante siete años. Pupilo en un colegio de curas. Los hombres no se deben arrepentir de las cosas que les han hecho hacer, como dicen los chicos ahora, de buena leche. Mis viejos me pusieron en ese colegio por que pensaron que era una cosa mejor, pero no es bueno separar a los niños de los padres en una edad tan temprana, tan crucial… Para no estar en el colegio descubrí un método infalible: leer.
¡Epa! Evadía la realidad con la lectura…
Sí, leer permanentemente, jugar y estudiar. Y fue ahí cuando uno le va perdiendo el amor a la familia; el que diga lo contrario, feliz de él, pero creo que no es así. Esto después en mi largo ejercicio de la pediatría lo vi, los niños quieren agradar a los adultos, por eso cuando me preguntaban ¿Manuelito, te gusta el colegio? Yo les decía: sí, me encanta… Claro no me gustaba nada, pero yo no podía desagradar a los mayores. Fue así que estuve en sexto grado y todo el bachillerato pupilo… Y con qué se reemplaza ese amor y ese cariño de la familia, con la amistad. Borges decía que los argentinos hacemos un culto a la amistad, en mi caso tiene razón, yo he hecho un culto a la amistad, esa amistad en la que te acepto como sos porque vos me aceptás de la misma manera, si no, no puedo ser tu amigo en serio ¿Hasta dónde llega esto? ¿Cuál es el tope que permite la amistad? Aristóteles se preguntaba así mismo: ¿puede un hombre bueno ser amigo de un hombre malo? ¿Y un hombre malo puede ser amigo de un hombre bueno? Y le costaba responderse, no le quedaba muy claro… Tal vez un hombre bueno puede ser amigo de un hombre malo, pero no lo contrario.
Y la medicina, ¿cómo entra en su vida?
Cuando tenía ocho o nueve años a mí me gustaba jugar, me encantaba jugar, tenía varios equipos, podía ser un cowboy, Don Quijote, un gaucho, un indio… En una época jugué a sabio loco, saqué pilas de cosas que había en una rinconera y las llevé al taller de mi abuelo y me hice un laboratorio y entre las cosas que encontré, hallé unas pastillas de azul de metileno, que se tomaban como antiséptico urinario, cuando uno hacía pís, lo hacía de color azul, y yo las usé para hacer un “flit” para matar moscas, ¡qué iba a matar! Pero bueno, como era azul salía a matar moscas por toda la casa… Yo esto lo tomaba en serio… Y sin saberlo había entrado definitivamente en el mundo de la ciencia. Entre mis juegos estaba el de cuidador de locos…

Manuel Retes con el Dr. Juan José Ferreira
¿Cómo era eso?
No sé, era así, me gustaba cuidar locos, mi vieja me quería matar, pero recién en el secundario me decidí a ser médico y si mil veces naciera, mil veces sería médico. Ejercí la pediatría durante cuarenta años. Muchas veces me preguntaba por qué me gustaba tanto mi profesión, y la respuesta venía rápida: porque el ayudar a la gente es para mí una satisfacción interna tan grande, que borra todos los sinsabores que ese medio me ha ocasionado. No es ninguna hazaña ayudar a la gente, pero me reconfortaba, me hacía sentir muy feliz desempeñando mi profesión.
«Hola, lo escucho hablar al Dr.Retes y me emociona, porque hace muchos años, le llevé a mi hija con mucha fiebre en una época que recién comenzaba a hablarse de meningitis y mi hija estaba con esa enfermedad, y él le salvó la vida. Así que estoy aquí escuchándolo y estoy muy emocionada y quiero mandarle un beso… Mi hija se llama Marcela y hoy tiene 31 años. Gracias».
Tanda comercial, silencio y emoción. La voz y la guitarra del Tero Ghione resuena en la noche, cambio de tema y le pregunto:
Dr. ¿Qué relación tuvo Ud. con Juan Manuel Fangio?
Fangio era muy amigo de mi papá, muchas veces iba a cenar a casa, además una tía mía estaba casada con el socio del “Chueco”, Far, que pasó a ser mi tío. Cuando me recibí de médico en La Plata, con un grupo de compañeros, juntamos unos pesos, mangueamos otros y viajamos a Europa. Un viaje de secos…, y el “Chueco” me dio una carta de recomendación por si quería ir a la fábrica Mercedes Benz, donde por supuesto fuimos y nos atendieron maravillosamente bien.

Un 20 de junio; homenaje al Tero Ghione: Omar Decare, Manuel Retes y Héctor Pellizzi
Nosotros en Balcarce éramos del Chevrolet a muerte. Considero a Fangio como el mejor deportista de todos los tiempos, por lo que hizo, por su personalidad, su hombría de bien, su humildad, su ubicación…
Él dijo una frase que me impactó: “Pude haber cometido muchos errores con la cabeza, pero ninguno con el corazón”
También decía “Hay que tratar de ser el primero, a toda costa, pero nunca creérselo”.
Tengo una anécdota cuando yo era niño, y vivía con mis padres enfrente de la casa de Fangio: un cierto día con un tambor de hojalata me escapé a la hora de la siesta y metí un barullo infernal, el “Chueco” abrió la ventana y me gritó: ¡Eh pibe, dejate de joder con el tamborcito…! Como todo chico, de vez en cuando iba a tomar la leche a la casa de él, porque me parecía más rica que la de mi casa…
Lo invito a un ping pong, ¿Gandhi?
Mostró que se puede llegar muy lejos sin violencia y me quedó marcada esta frase: “Ojo por ojo y el mundo se queda ciego”.
¿Borges?
Uno de mis literatos preferidos, escribía maravillosamente bien, independientemente de las ideas y demás… Aprendí a diferenciar el arte y el genio de las cosas personales.
¿Albert Einstein?
Él es un verdadero genio, el Físico más brillante del siglo XX, que cambió de una forma radical la manera de ver el mundo, también pacifista, admirador de Gandhi, filósofo, pensador, un hombre realmente notable.
¿Su padre?
Un buen hombre, muy trabajador, muy honesto…
¿Dante Balestro?
Un hombre sabio.
¿Lo quería?
Muchísimo.
¿Se quisieron?
Lo supe.
Ernesto Sábato decía, en su libro “La Resistencia”, que cuando nos acerca-mos a alguna persona, siempre nos llevamos algo de ella y ella algo de nosotros. De Ud. me llevo su amabilidad, sus conocimientos y por sobre todo su hombría de bien. Ha sido un verdadero lujo, y le agradezco haber estado esta noche aquí.
Bueno, le digo lo que diría un paisano: tómese algo amigo…

Del Libro:
“El Visitante de la Noche”
-Reportajes inolvidables-
de Norberto Cavagna.
















































































