California en Barracas

Por Mauricio Benítez
En los últimos meses se ha hablado mucho de la calle California, aunque por una razón que, en realidad, parece secundaria frente a los problemas de fondo. La polémica pública giró en torno al cambio de nombre impulsado por el vecino Jorge Fontevecchia —formalmente presentado por el rector de la Universidad del Sur Buenos Aires (USBA)— para que esa arteria pasara a llamarse José Luis Cabezas, en homenaje al fotógrafo y periodista asesinado en 1997, quien trabajaba en la revista Noticias, del Grupo Perfil.
La Legislatura porteña aprobó la iniciativa el 7 de mayo de este año, en un contexto especialmente sensible por las tensiones entre el Gobierno nacional, el periodismo y la libertad de prensa. Sin embargo, mientras el debate público se concentraba en el nombre de una calle, otra decisión, mucho más trascendente para los vecinos de Barracas, pasó prácticamente inadvertida.
El 18 de junio de 2026 la Legislatura aprobó la ley que autoriza al Gobierno de la Ciudad a endeudarse por hasta 1.350 millones de dólares para la construcción de la denominada «nueva» Línea F de subterráneos. Pero esa nueva versión llega con un recorte significativo: elimina la estación California, prevista en el proyecto original establecido por la Ley 670, sancionada el 8 de noviembre de 2001, que contemplaba la creación de las líneas F, G e I.
En aquel diseño, la Línea F tendría cabeceras en Plaza Italia y en la calle California, integrando al barrio de Barracas al sistema de transporte subterráneo. No se trata de un detalle menor. En 2018, durante la gestión de Horacio Rodríguez Larreta, el propio Gobierno de la Ciudad realizó los estudios de prefactibilidad de la obra con un presupuesto estimado de 1.050 millones de dólares. Ese proyecto no solo mantenía la estación California, sino que además extendía el recorrido unos 150 metros más, desde Constitución hasta la calle Suárez, internándose en el corazón de Barracas.

Mauricio Macri, las promesas de la vieja política
La historia reciente también invita a poner estas decisiones en perspectiva. En la campaña electoral de 2007, Mauricio Macri prometió construir «al menos diez kilómetros de subte por año». Tras dos mandatos consecutivos al frente de la Ciudad, aquella promesa quedó muy lejos de cumplirse: en lugar de los aproximadamente 80 kilómetros comprometidos, la expansión efectiva rondó apenas los ocho kilómetros, incluso contabilizando tramos de túneles que permanecieron sin estaciones habilitadas.

Hoy la paradoja es evidente. Se aprueba un endeudamiento 300 millones de dólares superior al presupuesto estimado en 2018 para ejecutar una línea casi 900 metros más corta, eliminando precisamente el tramo que debía acercar el transporte más eficiente y sustentable al sur de la ciudad. Barracas pierde una estación y también pierde conectividad, oportunidades de desarrollo y una obra largamente esperada.

Jorge Macri, las promesas de la «nueva» política
Después de cinco mandatos consecutivos de administraciones encabezadas por el PRO y diecinueve años de gestión de un mismo espacio político en la Ciudad de Buenos Aires, la histórica desigualdad entre el norte y el sur porteño continúa reproduciéndose en materia de infraestructura.
Mientras algunas zonas concentran inversiones y ampliaciones de servicios, otras siguen acumulando promesas incumplidas y proyectos recortados. El homenaje a José Luis Cabezas es legítimo y merece respeto. Pero sería un error permitir que la discusión sobre el nombre de una calle oculte un debate mucho más importante: el derecho de los vecinos de Barracas a contar con la infraestructura que la propia Ciudad proyectó hace más de dos décadas y que hoy vuelve a postergarse.
Porque las calles pueden cambiar de nombre. Las deudas con los barrios, en cambio, siguen esperando ser saldadas.
Que un cambio de nombre no nos tape las cuestiones de fondo.

Foto: Conexión Ciudad
















































































