Cuarenta y seis años después, Daniel Santucho Navajas volvió al lugar en el que por última vez sintió el calor de su mamá. Ese lugar, lúgubre y húmedo, donde nació cuando su madre llevaba más de seis meses secuestrada.

El regreso al Pozo de Banfield –que fue uno de los centros clandestinos del conurbano bonaerense– se produjo en una fecha particular: ese día Cristina Navajas de Santucho, su mamá, debió haber cumplido 74 años, pero los criminales de la dictadura se lo impidieron. Los abrazos con su hermano Miguel “Tano” Santucho buscaron ser un conjuro contra el dolor y el horror para el nieto 133, que en julio restituyó su identidad.

Patio de la Memoria – Junín (B)
Daniel es hijo de Cristina Navajas –desaparecida– y de Julio Santucho, sobreviviente de una familia diezmada por la represión. A principios de 1977 fue apropiado por un policía bonaerense y anotado como propio. Tuvo una larga búsqueda hasta que finalmente se acercó a Abuelas de Plaza de Mayo y a la Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad (Conadi).
La muerte del apropiador
El policía bonarense retirado Estanislao González, apropiador de Daniel, murió en la madrugada del jueves. Él recibió la noticia de boca de su hermano Miguel. “Me dio bronca porque yo esperaba que se lo juzgara y se lo condenara”, dice. Ya había sido procesado por el juez Ernesto Kreplak y estaba en arresto domiciliario. “Estoy tranquilo porque sé que hice las cosas bien. No se fue impune de esta vida y la verdad se supo. Lo tomo como un cierre en la historia: ya dejé de ser Daniel González. Ahora soy Daniel Santucho y tengo el resto de mi vida para vivirlo de esa forma”.

La semana pasada, Daniel recibió un nuevo Documento Nacional de Identidad (DNI). Con eso, pidió que se anulen las partidas de nacimiento de sus hijas para que ellas también lleven los apellidos Santucho Navajas.
Audio de María Silvia Velasco Secretaria General de SUTEBA – Junin (B)


















































































