Con el agua hasta la cintura

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Con el agua hasta la cintura

Por Marcelo Maggio

Pampa húmeda. Los ríos y canales que atraviesan la extensa llanura lo hacen despacio, así lo marcan las leves inclinaciones de la tierra. El agua llega hasta el mar, lejos, en la bahía pronunciada y distinguible en cualquier mapa y en las fotos desde el cielo. Y están también los reservorios, amortiguadores, que se forman en cada hondonada: las lagunas. Las conecta el gran río, ese que conocemos como “el Salado”, que sigue y forma una cuenca que atraviesa media provincia de Buenos Aires.

Las lagunas del Salado están rodeadas de humedales y pastizales extensos. Allí empezaron a generarse zonas productivas, ciudades, hasta recreos y campings. Vivimos a su alrededor, les enviamos lo que nos sobra o buscamos un refrescón. Alguien se pregunta sobre la vida en el agua, incluso sobre el agua de la laguna. Quienes hacen limnología se dedican a eso y pueden encontrar respuestas científicas sorprendentes, difíciles de interpretar en una lectura de soslayo entre reel y estado de WhatsApp. Sin embargo las respuestas pueden guiar a quien preste atención en un accionar responsable para la comunidad.

El tipo de uso del suelo en la actividad económica impacta en lo que sucede con la vida de las lagunas y ríos.

En 2025 un equipo de investigación de la UNNOBA fue premiado por la Asociación Argentina de Limnología por un artículo en el cual se analizó el agua de dieciséis lagunas. El grupo viajó y se fue adentrando en las aguas que van desde El Chañar (Teodelina, sur de Santa Fe) hasta la reserva provincial ubicada en bahía de Samborombón. Mara Sagua, Romina Schiaffino y todo el equipo fue en la búsqueda de muestras de agua y de respuestas allí donde el resto ve o hace otras tareas. No buscaban el reflejo del cielo o el descanso después de un largo día: querían saber qué estaba pasando con la vida en el agua de las lagunas.

“Descubriendo el efecto del uso del suelo en la composición de la comunidad de bacterioplancton en lagunas altamente impactadas a escala regional” fue el nombre del artículo presentado y fruto de su estudio. Un jurado afirmó que debido al “análisis minucioso de los datos, una muy buena presentación de los resultados, y una discusión interesante y bien enfocada en los objetivos” el artículo era el ganador del Premio Raúl A. Ringuelet “al mejor trabajo limnológico 2023-2025”, otorgado por la Asociación Argentina de Limnología.

Mara Sagua, doctora en Ciencias Aplicadas (Universidad Nacional de Luján) y licenciada en Genética (UNNOBA). Desde el 2015 es docente de Genética en la UNNOBA y desde 2017 trabaja con Romina Schiaffino en el Laboratorio de Limnología de la UNNOBA. Ha defendido su tesis doctoral en marzo de 2026. Foto: Lautaro Chiesa

Luces y sombras de las bacterias

En el título ya aparece la palabra bacterioplancton, que indica una centralidad: para entender lo que sucede en el agua de la laguna se lo debe estudiar. Pero, ¿por qué nos interesarían las bacterias si lo que se supone que hacemos es combatirlas? Comprender la vida en la laguna puede ser una tarea difícil. Por eso recurrimos al diálogo con Mara Sagua, doctora en Ciencias Aplicadas (2026, UNLu) y licenciada en Genética (2014, UNNOBA), docente de Genética desde 2015 e investigadora desde 2017 en el Laboratorio de Limnología que dirige Romina Schiaffino.

Hay bacterias en todas partes y, que sean bacterias, no implica que sean malas”, afirma Mara Sagua al iniciar la entrevista, un diálogo que va a ir y venir por muchos cauces. “A toda la comunidad de bacterias que habitan en el agua la denominamos bacterioplancton”. En la laguna vemos peces (cuando los hay), alguna planta, o una bolsa de plástico (lamentablemente), pero las bacterias no se ven a simple vista. ¿Son vida?, ¿por qué son importantes? Mara Sagua sonríe. Ya lo habrá explicado otras veces: sí, las bacterias son vida. Y agrega: “Son parte de la cadena trófica que incluye hasta los peces”. En la escuela no decíamos cadena trófica, sino cadena alimenticia.

“Entramos lo más adentro posible sin embarcaciones, si había muelle se lo usaba, pero fueron los menos”.

–Entonces las bacterias no sobran, tienen que ocupar su lugar en la cadena…

–Son fundamentales, si no hubiera bacterias no habría ecosistema, porque además de estar en el inicio de la cadena cumplen otras funciones, como reingresar la materia orgánica, remineralización, depuración del sistema: los sistemas acuáticos se pueden limpiar a sí mismos gracias a las bacterias.

Pensar las bacterias como parte del ciclo de la vida puede resultar difícil, hay que romper con algunos supuestos instalados.

–Bacterias hay en todas partes, pero sobre todo en el agua, porque son ambientales. Por eso, sólo se pueden estudiar por secuenciación [de ADN], porque hay tanta diversidad de especies de bacterias que es muy difícil estudiarlas por separado, mediante cultivos. Estas bacterias viven en comunidad unas con otras. En nuestro estudio encontramos casi 800 especies distintas, algo imposible de estudiar mediante la microbiología tradicional.

Por agua y por tierra: el estudio del suelo

Agua y tierra se conectan, y si el uso del suelo impacta en la vida de la laguna, ¿a qué usos de la tierra se refieren? Mara Sagua explica que en su trabajo distinguieron “entre lagunas en las que, a su alrededor, predominaba la agricultura mediante el uso de agroquímicos, por un lado, y la actividad ganadera, por otro”. Dos actividades productivas muy importantes que se unen —a veces y cuando hay debates— en el término “campo”. Para el estudio utilizaron, además, un tercer tipo de ambiente que sirvió para contrastar: el reservorio natural.

Encontraron evidencias: “Las comunidades de bacterias se van diferenciando según el uso del suelo. Habría especies que podrían ser más tolerantes a los herbicidas y que aparecen con más frecuencia en la cuenca alta [agricultura] y otras en la cuenca baja [ganadería]. Encontramos un recambio de especies según el lugar”.

Aunque hay una gran cantidad de productos y elementos que llegan al agua producto de la actividad humana (fertilizantes, herbicidas, insecticidas, descargas cloacales), el estudio se enfocó en el impacto de un único agroquímico: la atrazina.

“La lluvia barre el suelo y todo eso va a parar a la laguna. Pero también sabemos que estas lagunas se alimentan de las aguas subterráneas. Entonces, los productos usados en la tierra llegan de diferentes formas al agua de la laguna”. Foto: Claudio Spiga

–¿Qué es la atrazina y por qué trabajar ese producto en particular?

–Es un herbicida, es económico y con alto poder residual, por lo que se aplica mucho, tanto para lo que está permitido como en casos en que no. Partimos de una condición: todo lo que se aplica en el suelo de alguna forma va a terminar en el agua, sobre todo en la región pampeana, porque las lagunas están en los bajos. Se aplica y después, en algún momento, llueve. La lluvia barre el suelo y todo eso va a parar a la laguna. Pero también puede filtrar a la tierra y llegar a las aguas subterráneas. Sabemos que estas lagunas se alimentan de las aguas subterráneas. Entonces, los productos usados en la tierra llegan de diferentes formas al agua de la laguna.

–Claro, pero hay muchos productos dentro de lo que se considera agroquímicos, ¿por qué la atrazina es una referencia para este modelo productivo?

–Porque lo que buscamos es una relación entre el uso de los suelos y la composición de las comunidades de bacterioplancton. La atrazina la usamos como un intermediario, como una variable que esté ligada directamente al uso del suelo. Las zonas de uso se pueden ver desde las imágenes satelitales alrededor de la laguna. Entonces dijimos, donde hay más uso agrícola debería haber más agroquímicos, y es lo que sucedió. Así comenzamos a evaluar el bacterioplancton.

Equipo de investigación ingresando a una laguna para la toma de muestras.

–Uno podría esperar que la atrazina, en tanto es un herbicida, va a destruir todo lo relacionado a lo vegetal, incluso en el agua. ¿Es así o hay resistencias?

Uno esperaría que las algas microscópicas sean eliminadas por la atrazina, pero eso no sucede. Estamos viendo la resistencia del sistema a la presión antropogénica [alteración ambiental provocada por las actividades humanas]. Se presiona con el uso y con la presencia de agroquímicos. Las comunidades biológicas intentan resistir ese cambio. No mueren, resisten. Demuestran la fuerza de la naturaleza. Una de las características en las que se ve esa resistencia es en el color del agua. Estas lagunas antes variaban entre dos regímenes, tenían períodos de agua turbia y períodos más transparente, con plantas sumergidas. Ahora sucede que las aguas están constantemente turbias. Ese cambio es debido a la presión antrópica, es por todo lo que llega al agua. Esa turbiedad es, en realidad, un mecanismo de resistencia del ecosistema.

Si no hay cambios entre estados turbios y claros, ¿es como si ese ecosistema estuviera trabajando constantemente?

–Sí, y esa es una de las cosas que más me impresionó, porque demuestra la capacidad de resistir de la naturaleza.

–Volvamos a la atrazina y las conclusiones del trabajo. La composición del bacterioplancton, ¿qué indica?

–Una comunidad está formada por una cantidad de especies que habitan un mismo lugar. Entonces, la presencia de la atrazina se relaciona con determinadas especies de bacterioplancton. Donde no la hay, aparecen otras. Por lo tanto, se favorece la aparición y proliferación de determinadas bacterias en función del tipo de presión antrópica de uso de suelo, es decir, si se trata de agricultura o ganadería.

Integrantes del Laboratorio de Limnología: Dra. María Romina Schiaffino (directora), Lic. María Pía Quiroga (CPA CICPBA), Dra. Mara Sagua, Lic. Antonela Viale (Becaria doctoral de CONICET ), Est. Katerina Martiarena (tesista de grado). Foto: Lautaro Chiesa.

Una investigación de largo aliento

Un pregunta fue surgiendo a lo largo de la entrevista: ¿era necesario cubrir toda la cuenca del Salado? Mara Sagua contesta con paciencia docente: “Esta historia comienza en 2013, cuando Romina Schiaffino inicia las muestras de las lagunas de Junín: Gómez y Carpincho. Lo hizo principalmente para evaluar los efectos del cambio climático. Yo me incorporé con el proyecto de mi tesis doctoral en 2017 y ahí sumé otras dos lagunas de la región: Mar Chiquita y Rocha”. Sigue: “En 2019 Romina propuso pensar el estudio en términos del espacio, ya que sólo estábamos pensando en el tiempo. Así fue que propuso hacer un muestreo de toda la cuenca a lo largo del trayecto del río. Esto quedó en mi tesis y luego, con los resultados, escribimos el artículo que ganó el premio”.

Mara Sagua desarrolla esa distinción: “Cuando estudiás en el tiempo te enfocás en la influencia de la estacionalidad. Por ejemplo, las diferencias en el nivel hídrico y en la temperatura. En cambio, en el espacio [expandiendo el territorio a toda la cuenca], lo que vimos es que hay diferentes usos del suelo y nos preguntamos cómo esos usos afectaban a las comunidades biológicas [del agua]. Para la tesis estudié las algas o fitoplancton, y en el artículo nos referimos a las bacterias”.

El equipo tuvo que recorrer toda la cuenca del Salado para hacer un análisis más allá de lo estacional: debían comparar impactos según distintos usos de los suelos.

Así, el equipo partió de una hipótesis: el “uso del suelo” (aquellas actividades que se desarrollan alrededor de la cuenca), afecta a las comunidades que habitan el agua. Por eso tenían que viajar, hacer un estudio a lo largo de la cuenca, es decir teniendo como variable el lugar en que se toma cada muestra (lo espacial). “Las lagunas de Junín están afectadas de modo constante por la agricultura, de modo que resultaba imposible hacer una distinción en el tiempo”. Hacia allí se dirigieron, a la cuenca baja del Salado, donde el impacto podía ser variable. Debían demostrarlo.

Aparecía con claridad el origen de esa decisión, de abarcar dieciséis lagunas con veinticinco sitios de muestreo. “En las lagunas grandes hay más de un punto de muestreo, como en Laguna de Gómez o Chascomús”. Una muestra de agua se puede tomar de muchas formas, ¿cómo lo hicieron?, ¿quién tenía licencia para manejar una lancha?

–No era necesario. “Entramos lo más adentro posible sin embarcaciones, si había muelle se lo usaba, pero fueron los menos”.

–¿Es decir que se metieron, con el agua a la cintura?

–Sí, y con las nubes de mosquitos alrededor. Fue toda una experiencia.

Lo microscópico y más allá

Sobre el análisis de esas muestras, Mara Sagua explica que mediante un cultivo tradicional no se podía llegar a los resultados que necesitaban. ¿Cómo analizar estas muestras y dónde hacerlo? Recurrieron a un procedimiento denominado Secuenciación Masiva, con el cual se obtienen ASVs (Amplicon Sequence Variant, en castellano Variante de Secuencia de Amplicón). La explicación simplificada sería: se toma una secuencia de ADN y se la compara con bases de datos disponibles. El resultado es la identificación de las especies, gracias a la comparación. “Se trata de secuencias de fragmentos, no de toda la cadena de ADN”, indica Sagua.

“En nuestro caso obtuvimos 791 ASVs, lo cual es un espectro de diferentes especies de bacterias encontradas en todo el sistema de las lagunas”. Un alto porcentaje de las especies es compartido a lo largo de toda la cuenca, ya que es “un sistema conectado”. Pero aparecieron las diferencias, lo cual indica el funcionamiento de dos subcuencas, con más especies de un tipo u otro, dependiendo de una variable: la presencia de atrazina.

Si bien en Argentina existe la tecnología para el análisis por secuenciación masiva, resulta muy costosa la configuración y puesta a punto para trabajar con este tipo de material. Por ese motivo tuvieron que hacerlo en el exterior. Gracias a los fondos que el equipo tenía por un premio obtenido en la Asociación Internacional de Limnología (fondos que vinieron de Canadá) se pudo hacer la secuenciación en los EE.UU.

Se puede pensar que el hecho de que tengan que enviar este material de análisis al exterior implica que no es una zona de estudio muy extendida en el país. Sin embargo, la actividad agropecuaria sí lo es.

–Existen grupos de investigación a nivel internacional que trabajan acerca de los efectos del uso de suelo agropecuario, pero aún se sabe poco, sobre todo en el hemisferio sur. Digo en nuestro hemisferio porque, por ejemplo, en China se toman muestras de las grandes lagunas casi a nivel de monitoreo permanente; utilizan barcos, toman muestras cada cinco metros. En el presente, es algo imposible de hacer acá.

–¿Por qué creés que el trabajo de ustedes ganó el premio? ¿Cuál es el aporte que realizaron?

–Porque tiene un muestreo complejo y exhaustivo, con las complicaciones de planificar una campaña de esa magnitud y en poco tiempo, y con una inversión en secuenciación que es una técnica muy cara y precisa. Por ser un estudio de esa magnitud y con esa profundidad, a la escala de espacio, todo eso hizo que ganemos el premio. También es un estudio de relevancia porque se trata de lagunas de uso recreativo, en su mayoría, y por eso es importante contar con información para la toda comunidad.

En la foto, el equipo dedicado a la recolección de muestras. De izq. a der.: Lic. Guillermina Nuozzi, Dra. Romina Schiaffino, Dr. Santiago Perdomo, Dra. Mara Sagua.

–¿Cómo siguen, qué temas se derivan hacia adelante?

–Estamos estudiando la presencia de bacterias patógenas asociadas al uso del suelo. Ya vimos que el uso del suelo afecta al bacterioplancton en general. Ahora estamos indagando en la aparición de especies potencialmente patógenas. Ese es el tema de la tesis doctoral de Antonela Viale. Acá ya no sería sólo por uso agrícola sino todo tipo de usos: urbano, ganadero y la presencia de humedales.

 


Integrantes del Laboratorio de Limnología :

  • Dra. María Romina Schiaffino (directora)
  • Dra. Mara Sagua
  • Lic. María Pía Quiroga (CPA CICPBA)
  • Lic. Antonela Viale (Becaria CONICET de doctorado)
  • Est. Katerina Martiarena (tesista de grado)

Artículo científico premiado: “Descubriendo el efecto del uso del suelo en la composición de la comunidad de bacterioplancton en lagunas altamente impactadas a escala regional”, disponible en el repositorio público en el siguiente ENLACE. Autoras: Mara Sagua, Guillermina Nuozzi, María Laura Sánchez, Paula Huber, Santiago Perdomo y María Romina Schiaffino.


Fotografías del trabajo de campo en lagunas de la Cuenca del Salado: gentileza Mara Sagua.

Fotografía Mara Sagua y equipo: Lautaro Chiesa

Fotografía Laguna de Gómez: Claudio Spiga

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