San Martín murió en Francia, en la ciudad de Boulogne-sur-Mer, el 17 de agosto de 1850, a las 3 de la tarde. Tenía 72 años. Murió en la casa donde residía con su hija Mercedes, su yerno Mariano Balcarce y sus nietas.

San Martín en el exilio en Francia
El 17 de agosto parecía incluso encontrarse algo mejor: se levantó, fue a la habitación de su hija y pidió que le leyeran los periódicos, porque su deteriorada vista ya no le permitía leerlos. Después de las dos de la tarde sufrió un fuerte ataque de dolores gástricos. El médico, doctor Jardón, estaba presente. Poco después tuvo una crisis repentina y murió casi sin agonía, alrededor de las tres de la tarde.
La enfermedad que más habría contribuido a su muerte fue la úlcera. El estudio médico-histórico señala que tuvo una primera hemorragia digestiva importante ya en 1814 y que volvió a sufrir problemas digestivos durante décadas.

San Martín cruzando Los Andes para libertar a Chile de los realistas
Después de renunciar al Protectorado del Perú, en septiembre de 1822, se retiró progresivamente de la vida política. Terminó viviendo en Europa, primero en Bélgica y luego en Francia, y murió en Boulogne-sur-Mer en 1850.
El encuentro de Guayaquil entre José de San Martín y Simón Bolívar ocurrió los días 26 y 27 de julio de 1822, en la ciudad de Guayaquil, Ecuador. Si bien Lima estaba libre de españoles, los realistas contaban con unos 9.000 soldados en el norte peruano y esperaban refuerzos del rey, que había recuperado su corona tras la derrota de Napoleón.

San Martín y Bolivar en Guayaquil cedoc
San Martín, que había enviado 1.500 soldados para que Bolívar pudiera derrotar al ejército realista en Carabobo, el 24 de junio de 1821, contribuyendo a asegurar la independencia de Venezuela, y posteriormente ante los triunfos de Bomboná, el 7 de abril de 1822, y Pichincha, el 24 de mayo de 1822, que consolidaron la liberación de Nueva Granada y Quito, se encuentra con Bolívar en Guayaquil, en julio de 1822, para decidir la continuidad de las luchas por la independencia de la América española.

El Director Supremo de las Provincias Unidas del Río de la Plata, José Rondeau, le había pedido a San Martín que abandonara el Perú y regresara a Buenos Aires para defender al gobierno frente a los caudillos provinciales. Pero la posición de San Martín era esencialmente esta: el ejército que había creado debía utilizarse para terminar la guerra contra España, no para combatir a argentinos. Se negó a enfrentar a sus propios hermanos. De allí la famosa frase: “Primero seamos libres, lo demás no importa nada”.
Mientras continuaba el hostigamiento porteño, el general esperaba contar con las fuerzas de Martín Miguel de Güemes y de las provincias del norte para reforzar la campaña contra los realistas en el Perú. Un grave conflicto entre Güemes y sectores de la elite salteña terminó en una rebelión contra él. En 1821, Güemes fue herido por una partida realista durante una incursión en Salta y murió el 17 de junio de ese año.
Su muerte fue un golpe muy duro para el proyecto de San Martín.
Después de la batalla de Cepeda, cayó el Directorio. Asumió Manuel de Sarratea y, posteriormente, en 1820, Martín Rodríguez, con Bernardino Rivadavia como figura política central.
El Gran Capitán, que ya había sido atacado por distintos sectores con calificativos como “ambicioso”, “tirano”, “déspota” y “ladrón”, además de acusaciones de querer convertirse en monarca, fue objeto de una campaña de desprestigio. Específicamente, Alvear y Rivadavia difundieron rumores destinados a desacreditarlo.

Por eso, cuando encontramos la palabra “ladrón”, debemos verla dentro de esa campaña política de desprestigio y no como una acusación aislada sobre sus finanzas.
Sin recursos para sostener a los miles de soldados bajo su mando y con conflictos políticos internos en Lima, frente a un Bolívar que tenía las fuerzas económicas y militares necesarias para continuar la guerra, San Martín tomó una decisión trascendental. A pesar de considerar que la independencia era más importante que su propia carrera política o militar, entendió que, si para terminar la guerra era necesario que Bolívar asumiera el liderazgo, estaba dispuesto a retirarse. Y así lo hizo.
Después de Guayaquil, Bolívar continuó la campaña y sus fuerzas obtuvieron las victorias decisivas de Junín (1824) y Ayacucho (1824), que terminaron por quebrar el poder militar español en Sudamérica.
San Martín llegó a estar prácticamente proscripto en Buenos Aires, hasta el punto de que, en 1823, temió ser detenido si regresaba. El propio San Martín cuenta que, cuando quiso regresar a Buenos Aires en 1823, se apostaron partidas en el camino para detenerlo “como a un facineroso”.

Brigadier Estanislao López, uno de los próceres federales más importantes de la «provincia invencible de Santa Fe».
En octubre de 1823, Estanislao López, gobernador de Santa Fe, le hizo llegar a San Martín una advertencia extraordinariamente grave: le informó que, según sus agentes en Buenos Aires, cuando llegara a la capital el gobierno pretendía hacerlo juzgar por un consejo de guerra por haber desobedecido las órdenes de intervenir contra las provincias y por haber realizado la campaña libertadora. López incluso ofreció protegerlo militarmente. Sin embargo, el general finalmente llegó a Buenos Aires el 4 de diciembre de 1823, prácticamente de incógnito y sin escolta.
Pero el episodio más cruel ocurrió cuando quiso volver a Buenos Aires, en mayo de 1823, porque su esposa, Remedios de Escalada, estaba gravemente enferma. San Martín recibió entonces la información de que podían detenerlo durante el viaje.
San Martín fue acusado de “ladrón” por sus adversarios políticos en el Río de la Plata, dentro de una campaña de desprestigio que involucró al sector rivadaviano y a enemigos como Carlos María de Alvear.

lustración de José de San Martín y Remedios de Escalada a partir de un retrato de José Gil de Castro (San Martín) y una miniatura de Charles Durand (María Remedios). Imagen: Wikimedia Commons.
Finalmente, el 10 de febrero de 1824, San Martín partió hacia Europa con su hija Mercedes.
El 22 de marzo de 1825, San Martín y Rivadavia se encontraron en Londres. La discusión fue tan fuerte y violenta que San Martín llegó a desafiarlo a duelo. El duelo, finalmente, no se produjo gracias a la intervención de James Paroissien, médico inglés que había acompañado a San Martín durante la campaña libertadora.
CHORRA CHORRO CHORRA CHORRO
Cristina chorra
Néstor chorro
Castillo chorro
Correa Chorro
Lula chorro
Chávez chorro
Dilma chorra
Ollanta Humala chorro
Pero todo comenzó
Con Rivadavia:
San Martín Chorro San Martín chorro San Martín chorro
El Director supremo José Rondeau
Pidió al conquistador volver a Buenos Aires
Dejar el Perú para defender al gobierno porteño
De los caudillos de las provincias
En el norte de Perú había 9 mil soldados realistas
Para atacar Lima
Estaban esperando los refuerzos de Fernando VII
Que había vuelto al trono después de la caída de Napoleón.
San Martín desobedeció la orden
No iba a envolverse en una guerra entre hermanos
Se encontró con Bolívar en Guayaquil
Le dejó su ejército porque Buenos Aires
Se negaba a financiar las batallas independistas
De allí la frase: “seamos libres, lo demás no importa nada”
El gobierno del Directorio cayó en la batalla de Cepeda
Bolivar y Sucre vencieron en Junín y Ayacucho
Y pusieron fin al poder militar español en Sudamérica
Años después Rivadavia asume el gobierno
Dice que el dinero que se le había dado al Gran Capitán
San Martín se lo había robado
San Martín chorro, San Martín chorro, San Martín chorro
El libertador es jurado de muerte y su cabeza sería
Clavada en una pica en Plaza de Mayo.
El chorro se exilia en Europa hasta su muerte
Héctor Pellizzi
















































































