A Orlando Ferreres, un oscuro viceministro de Economía de 1989, se lo ve en un video mentir como un marrano y decir unas medias verdades que se transforman en mentiras absolutas.

Orlando Ferreres: la desinformación de un antiperonista
Cuando Perón llega al gobierno, en 1946, archivos del Banco Central de la República Argentina afirman que había una reserva de 5.700 millones de pesos, de los cuales 4.000 millones se habían acumulado durante la Segunda Guerra Mundial, debido al impedimento de poder importar. En aquella época se importaba todo: ventiladores, heladeras, automotores, bicicletas, licuadoras, hasta “ballenitas”, que eran unos plásticos que mantenían “duro” el cuello de las camisas. Es decir, esa acumulación no provenía de un eficiente modelo económico de los conservadores, sino de la restricción del comercio internacional.

Los casi 6.000 millones de pesos, según las estadísticas oficiales, corresponden a “oro y divisas”; por eso, no podemos convertir directamente los m$n 5.646 millones de 1946 en una cantidad equivalente de lingotes almacenados en Buenos Aires.
Orlando Ferreres habla de bóvedas llenas de oro que después Perón dilapidó. Es una media verdad que se convierte en una vil mentira, ya que la famosa fotografía que circula en las redes sociales como supuesta evidencia del “oro que Perón encontró al asumir” no fue tomada en Argentina. Corresponde al Banco de España. El servicio de verificación de hechos (fact-checking) de la agencia de noticias francesa Agence France-Presse (AFP) verificó específicamente ese punto. Por eso, si alguien utiliza esa fotografía como prueba de que las bóvedas argentinas estaban repletas de oro antes de Perón, la afirmación es falsa.

De hecho, la discusión sobre el supuesto “oro de Perón” se intensificó especialmente después del golpe de 1955. Orlando Ferreres simplifica diciendo que “cayó el gobierno” y, propositalmente, no informa que cayó bajo 20 toneladas de bombas, en el mayor ataque fratricida y terrorista del siglo XX. AFP recoge la opinión del historiador Rubén Achdjian, quien señala que la versión de las bóvedas llenas de oro se convirtió en uno de los mitos persistentes del antiperonismo.

Ferreres afirma, sin ponerse colorado, que Argentina pagó la compra de los ferrocarriles con dinero del Banco Central, pero lo cierto es que, según el Banco Central argentino, en su Memoria de 1947, se deja constancia de que el acuerdo de 1948 estableció que Gran Bretaña entregaría, por la deuda con Argentina, 100 millones de libras esterlinas por adelantado, más £10 millones de compensación, y que con esos importes se haría frente al pago del valor de los ferrocarriles británicos adquiridos por Argentina.
Cabe recordar que Gran Bretaña tenía enormes dificultades para pagar en dólares y oro la deuda con Argentina. Una parte importante de esas operaciones quedó acumulada en libras esterlinas en cuentas en Londres.

Esas libras eran conocidas como “libras bloqueadas”: Argentina tenía el crédito, pero no podía disponer libremente de él en dólares, oro u otros mercados. La situación está documentada tanto en las negociaciones argentino-británicas como en las Memorias del Banco Central.
Concretamente, una parte sustancial del precio se pagó utilizando los créditos que Argentina tenía acumulados en libras esterlinas en Gran Bretaña.
Personajes siniestros como Ferreres no informan la verdad: confunden, mezclan algunas verdades con mentiras canallescas y les hacen creer a los jóvenes y a los adultos desmemoriados, sin ningún sustento histórico, que el mal de la Argentina es el peronismo mediante una vil simplificación política.
















































































