Ricardo Solé luchó en las islas y sigue luchando en el continente
«Hay que tener cuidado con las hipocresías, porque del «los chicos de Malvinas que jamás olvidaré…» votaron a un un pro británico que declaró que Margaret Tatcher era su ídola…»

Ricardo Solé, combatiente en Malvinas, hijo del barrio de Barracas, sufrió en carne propia todo el proceso de desmalvinización, el ocultamiento, los recelos, la falta de un Estado que no lo protegió en las islas y lo ignoró en el continente.

Ricardo Solé y Gustavo Pirich combatieron al al imperio británico
Así mismo, con el dolor a flor de piel, se organizó con otros compañeros combatientes con quien conformó grupos por la reivindicación de aquellos que lucharon por la patria sin pedir nada a cambio, sabiendo que ofrecían sus vidas por la soberanía argentina.
Solé se reintegró a la sociedad que una vez le dio las espaldas, lo hizo mediante entidades de solidaridad, tratando de proteger a quienes el sistema los va licuando día a día.

Por eso su actuación social con los jubilados, con las diferentes modalidades de discapacidad, con la Mujeres de mi Pueblo, Asociación que dirige su compañera Natalia Noguera y en su incasable lucha por los derechos de los veteranos de la guerra de Malvinas.
Canción con motivo delos 40 años de Malvinas
LOS OTROS HÉORES DE MALVINAS
Dardo Cabo, militante de los sectores más combativos del justicialismo, se encargó de planificar la acción acción que hizo temblar al gobierno del dictador Onganía, el 28 de septiembre de 1966.
Un grupo de 18 militantes de la Juventud Peronista llevó a cabola simbólica recuperación de las islas Malvinas, en una acción que se denominó como Operativo Cóndor y que se inició en 1966, con el secuestro en pleno vuelo de un avión que fue desviado hacia el archipiélago, donde se izaría la bandera argentina después de 133 años.

Del amor a la patria al olvido de oficina

En la portada de Hojas de ruta – De la guerra en las islas a la guerra en el continente (2008), debajo del nombre de Gustavo Pirich, se lee la etiqueta «ex soldado». Es una imprecisión biográfica. Como bien sugiere el espíritu de su obra, un combatiente que puso el cuerpo en el Atlántico Sur nunca habita el prefijo «ex»; se es soldado para siempre, aunque la trinchera ya no sea de barro y frío, sino de tinta y denuncia.

El libro, prologado por el recordado Osvaldo Bayer, no es un ejercicio de nostalgia, sino un acto de «coraje civil». Bayer lo define con una crudeza necesaria: es la verdad que duele. Pirich se atreve a profanar ese «altar de la patria» construido por la dictadura para revelar la irracionalidad de una guerra a la que fue enviado sin preparación, pero con una sentencia de muerte latente en el bolsillo.















































































