Carlos Alvear 1789 – 1852
Apenas ingresamos al cementerio de la Recoleta encontramos a la izquierda el gran mausoleo del general Carlos de Alvear este suntuoso sepulcro fue construido en granito gris por el arquitecto noruego Alejandro Christophersen, en el año 1890.
Carlos de Alvear era hijo del noble español Diego de Alvear y Ponce de León y de la joven porteña María Balbastro. A pesar de que muchos le llaman a este militar Carlos María, en realidad su nombre completo es un tanto más largo, y diferente: Carlos Antonio Gabino del Santo Ángel de la Guarda.
El 5 de octubre de 1804 Alvear viajaba con sus padres, hermanos y hermanas rumbo a España cuando, sorpresivamente, la escuadra que los transportaba se enfrentó con cuatro fragatas inglesas, frente al cabo de Santa María, en Portugal.
Uno de los capitanes intimó al capitán del navío español para hacerlo prisionero junto al resto de los tripulantes. A fin de parlamentar y aclarar posibles malos entendidos, los españoles decidieron enviar una delegación en un bote. Pero, como los ingleses vieron que el navío español no acataba la intimidación, respondieron con una andanada de balas que provocaron el estallido del polvorín e hicieron volar por los aires a La Mercedes, una de las embarcaciones. Desde la nave capitana,
La Medea, el joven Alvear, que tenía entonces 16 años vio junto a su padre como perecían su madre y sus seis hermanos al explotar la embarcación que los transportaba. Según algunos autores, tiempo después de la tragedia, Carlos de Alvear se agregaría en honor a su madre el nombre de “María”. Los ingleses llevaron prisioneros hasta Gran Bretaña a los sobrevivientes, que recién al año siguiente partirían a España.
El padre de Carlos contrajo matrimonio nuevamente, en 1807, esta vez con Luisa Ward, a quien había conocido en Londres. Dos años después, Carlos de Alvear se casaría con María del Carmen Sáenz de la Quintanilla en Cádiz. Considerada una de las jóvenes más hermosas de la ciudad, las crónicas la describieron como “una mujer de esbelta figura y finísimas modales”.
Alvear falleció en la miseria en octubre de 1852 en Nueva York, lejos de su pasado como Director Supremo de las Provincias Unidas y de las glorias militares de la Guerra del Brasil. Hacía 14 años que no veía a su mujer e hijas y no conocía sus nietos. Sus restos fueron repatriados en 1854 en un barco comandado por el almirante Guillermo Brown. Cuando llegó a Buenos Aires un cortejo de 50 carruajes acompañaron los restos hasta la Recoleta.
Por Diego Zigiotto, licenciado en periodismo.
Del libro “Las mil y una curiosidades del cementerio de la Recoleta”.

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