La primera vez que me encontré con Sandra Pintos fue con sus cuadros en la Casa popular Dante Balestro en los inicios de la década del 2000…La profundidad de sus trazos en el dolor de los que sufrieron el genocidio cívico militar a partir del 24 de marzo de 1976 caló hondo en mis entrañas mientras preparaba “El Orden de las Tumbas”.

Sandra nació en Buenos Aires, pero su mirada —como ocurre con ciertos árboles— echó raíces en la llanura de Junín. Allí el paisaje, la luz sin obstáculos y el silencio de las horas largas fueron modelando una sensibilidad que encontró en el dibujo su lengua más profunda.
Desde sus albores comprendió que la línea no es sólo un contorno: es una respiración. En la Escuela Nacional de Bellas Artes Prilidiano Pueyrredón y la Escuela de Arte de Junín fue afinando su pulso, acompañada por maestros y por el diálogo con otros artistas, su formación fue un agudo aprendizaje de la mirada.

En los años noventa integró el grupo Los Cinco, donde se abrieron nuevos caminos y preguntas persistentes, su generación está impregnada por el epíritu de Horacio Alonso.

Desde entonces sus dibujos y pinturas han recorrido salones y galerías del país. Premios, menciones y exposiciones han ido señalando estaciones de un trayecto constante. Pero más allá de esos reconocimientos, lo que permanece es la fidelidad a una búsqueda: la de la luz que aparece cuando el trazo se interna en la sombra.
Sus libros Pintoscuros y 15 Retratos condensan esa poética. En ellos el dibujo parece surgir de un territorio intermedio, donde las figuras se revelan como si emergieran de una memoria común.

Quien observa su obra advierte pronto que cada línea está cargada de tiempo. Hay en sus imágenes una quietud y a su vez la indignación que no es un silencio vacío, sino la espera de mundo que la sombra misma decide volverse imagen.
Héctor Pellizzi
LA CITA ES EL 14 DE MARZO A LAS 2OH -FUNDACIÓN CASA PRONTO – ESPAÑA 383 -JUNÍN (B)















































































