Nuestro sistema previsional es un pacto entre generaciones que debe ser respetado
Por Andrés Álvarez, referente de APOPS (Sindicato de los trabajadores de ANSES) y asesor de la Confederación de Jubilados, Pensionados y Retirados de la República Argentina.
Publicado el 11/07/2026 MG
Una mujer entra a una farmacia. Pregunta por un medicamento, escucha el precio y se queda en silencio, como haciendo una cuenta que ya sabe de memoria. Después sonríe apenas, guarda la receta en la cartera y dice: «Después vuelvo». Pero muchas veces ese después no llega.

No es un dato. Es una persona. Y cuando uno escucha muchas historias parecidas entiende que el problema del sistema previsional no nace en una ley ni se agota en una fórmula de movilidad. Empieza mucho antes: el día en que una sociedad se acostumbra a que quienes trabajaron toda la vida tengan que elegir entre comer, calefaccionarse o comprar un remedio.
Los jubilados no piden privilegios. Piden que no los borren. Si son parte de la vida o si las vamos dejando, de a poco, en un costado.
A veces olvidamos que la Seguridad Social nació mucho antes que las leyes que hoy la regulan. Nació cuando los trabajadores entendieron que, solos, estaban a la intemperie, y decidieron cuidarse entre todos. En pueblos y ciudades de toda la Argentina levantaron sociedades de socorros mutuos, armaron cajas solidarias, juntaron entre muchos lo que ninguno podía sostener por su cuenta. Antes que un sistema hubo una intuición profundamente humana: nadie se salva solo.
Esa sigue siendo la esencia de lo que tenemos. Nuestro sistema previsional no es una alcancía individual donde cada uno guarda para su propia vejez. Es un pacto entre generaciones. Los que trabajan hoy sostienen a los que ayer sostuvieron el país, con la promesa callada de que mañana otros harán lo mismo por ellos.
Las ciudades no se miden solo por lo que construyen. Se miden por cómo tratan a quienes construyeron antes.
No alcanza con administrar lo que hay. Administrar es, apenas, mantener las luces encendidas. Construir comunidad es otra cosa: es decidir que nadie sobre, que nadie estorbe, que la experiencia de los años no sea una carga sino un patrimonio que se cuida.
A los que levantaron el país no se los jubila del afecto. Un pueblo que abandona a sus viejos no ahorra: se queda sin futuro. Por eso lo decimos claro: defender la jubilación es defender la vida que viene.

















































































