No hay Perón sin doctrina, no hay doctrina sin Perón.
Esta frase viene a colación de cómo buena parte de los dirigentes, sobre todo algunos políticos que se perciben como peronistas, están licuando sin pausa la doctrina filosófica justicialista. Esta doctrina surge en 1949, con las premisas de las tres banderas y la piedra fundacional de los Países No Alineados, todo esto en los inicios de la Guerra Fría, y justamente la Guerra Fría se cobraría su primera víctima en 1955: el peronismo.

Es sabido —y, si no lo es, es bueno saberlo— que la fabricación de aviones supersónicos, junto con el proyecto atómico del justicialismo, incomodó tanto a Estados Unidos como a la Unión Soviética. El primero se había enfrentado a Perón en las urnas de 1946 a través de su embajador, mientras que la segunda quedó en estado de alerta ante el surgimiento de una política internacional que buscaba la autonomía respecto de las dos potencias. En 1964, los países no alineados ya contaban con 47 miembros de pleno derecho en su cumbre de El Cairo, mientras que 30 comités de liberación nacional estuvieron representados.

El Plan Quinquenal de 1946, la fabricación de locomotoras y automóviles, tractores, y maquinarias agrícolas la reducción de las importaciones, el fortalecimiento de los sindicatos y la instauración de la justicia social, asociada a la independencia económica y política, fueron algunos de los pilares del desarrollo argentino durante el primer peronismo. En ese período, la economía nacional experimentó transformaciones importantes, aunque las cifras de crecimiento deben analizarse según los indicadores y los años que se tomen como referencia.

Todo esto contribuyó a profundizar los conflictos con distintos sectores del poder internacional y nacional. Estados Unidos, el Reino Unido y otros actores políticos y económicos desarrollaron acciones de oposición al gobierno peronista. Desde distintos sectores se calificó a Perón de tirano y fascista, entre otros epítetos. La propaganda política, tanto desde la derecha como desde la izquierda, contribuyó a intensificar la polarización y el enfrentamiento. Finalmente, el 16 de junio de 1955, el bombardeo de la Plaza de Mayo y de otros puntos de Buenos Aires, en el que también se atacaron las refinerías del puerto de Mar del Plata, dejó centenares de muertos y heridos. El golpe de Estado de septiembre de ese año puso fin al gobierno constitucional de Perón.

A pesar de la resistencia, los combates, los héroes y los mártires, muchos dirigentes fueron acomodándose a los «nuevos tiempos». Sus representantes, colonizados culturalmente y adoctrinados por décadas de neoliberalismo, se fueron aburguesando y recostando hacia la derecha para conservar sus parcelas de poder y sus beneficios. De ese modo, fueron diluyendo los apotegmas del peronismo y ocultando los valores de la doctrina justicialista, plasmados en gran medida en la Constitución de 1949, una de las expresiones más avanzadas del constitucionalismo social argentino y latinoamericano, junto con la Constitución mexicana de 1917.

Hoy, la extrema derecha, la derecha más salvaje, se ha engullido a la derecha conservadora tradicional, no menos cómplice, y se ha apoderado del Gobierno para ejecutar un plan sistemático de destrucción económica, pérdida de soberanía, fortalecimiento de la represión y agudización de la pobreza y el desempleo.

Solamente un camino le queda a la clase trabajadora: volver a la doctrina, actualizándola a los tiempos de la inteligencia artificial, y ejecutar, como lo hizo el justicialismo, un plan de desarrollo industrial y científico basado en las nuevas tecnologías. Es necesario recuperar el espíritu de aquella época en la que la Argentina avanzó desde una economía dependiente de la importación de maquinaria hacia la fabricación nacional de tractores y otros equipos agrícolas, con el objetivo de incrementar la productividad y fortalecer la industria.

Nada está perdido. Es necesario impulsar la formación política sobre la doctrina entre las bases juveniles, refrescar la memoria de los más viejos, enseñar la historia del primer peronismo con fundamentos, datos y fechas basados en documentos históricos, y superar los errores que nos condujeron a la extrema derecha para fortalecer los principios de la doctrina justicialista.

















































































