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EL DEPORTE EN LA ERA PERONISTA SUCUMBIÓ CON EL GOLPE DE 1955

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EL DEPORTE EN LA ERA PERONISTA SUCUMBIÓ CON EL GOLPE DE 1955

 

 

Juan Domingo Perón entre 1946 y 1955 transformó profundamente el deporte argentino y se convertiría bajo su mandato en una cuestión de Estado.

 

Perón apoyaría durante su presidencia al alto rendimiento, además de ensanchar con una serie de políticas públicas la base deportiva, que era hasta hace pocos años un recodo de las elites.

 

Perón veía al deporte como un símbolo del ascenso social, el sueño peronista; y a los deportistas exitosos como embajadores del éxito del modelo impulsado durante su presidencia. Fueron los nuevos héroes: los héroes que simbolizaron una nueva era.

 

Perón era un hombre de deporte. Durante su juventud había practicado boxeo y esgrima, además de tiro, polo, natación, fútbol, esquí y básquetbol, entre otros deportes. Era más bien un entretenimiento.

Por espacio de 10 años consecutivos, desde el grado de teniente a mayor del Ejército Argentino, Perón retuvo el título de campeón militar y nacional de espada.

Su pasado deportivo colocó, desde su llegada al poder, al deporte en el centro de la construcción de la nueva Argentina que imaginaba. “Conocedor de la importancia de los triunfos deportivos para fortalecer internamente a la sociedad y sostener el imaginario de una Argentina que aspiraba al liderazgo continental, fomentó la competición de los representantes nacionales en los eventos más importantes.

Perón es el primer gobernante que hace el gran cambio con respecto a la mentalidad argentina en el deporte. Incluye al deporte entre otros derechos sociales y lo propicia, entre otras cosas, como una manifestación cultural. El pueblo irrumpe en un campo antes destinado a una franja más pequeña de la población y esa irrupción permitió a muchos chicos descubrir nuevos deportes, que el deporte era algo más que patear la pelota un domingo.

Perón inició su gestión aumentando el presupuesto para el deporte. Durante los primeros años se realizaron 75.000 obras de infraestructura, entre ellas algunos de los principales estadios de fútbol del país, COMO EL DEL Racing Club de Avellaneda, el Autódromo, el Velódromo, los Centros de Educación Física, el predio de Ezeiza y otros. El gobierno además cedió terrenos fiscales para la creación de clubes y centros deportivos que, protegidos desde el Estado, florecieron y se convirtieron en el corazón del deporte.

Los campeonatos Evita pasaron de congregar 15 mil jóvenes en los primeros años a superar los 200 mil jóvenes en 1954. Por iniciativa del Dr. Ramón Carrillo se ejerció una política que permitió al Estado tomar por primera vez contacto con el Estado de salud de miles de infancias marginadas.

El apoyo peronista al deporte de alto rendimiento tuvo inmediato éxito: dos años después de la llegada de Perón al poder, Argentina viajó a Londres para disputar los Juegos Olímpicos de 1948 apoyados por el Estado, en la que terminaría siendo la cita más exitosa de la historia olímpica del país. Argentina llevó a Londres la comitiva de atletas más numerosa de la historia 242 atletas, 11 mujeres, que compitieron en 136 eventos en 17 deportes. Regresaron con 7 galardones: 3 medallas de oro, tres medallas de plata y una de bronce.

Entre 1946 y 1955, las políticas deportivas gestaron un país con cinco millones de deportistas sobre 16 millones de habitantes. Un país con varios logros deportivos a nivel internacional, en diversas disciplinas. Pero la Revolución Libertadora pondría fin a todo: en 1955 derrocaría a Perón, e identificaría a todas sus políticas como deleznables, procediendo a tacharlas. También intervendría todas las organizaciones deportivas y proscribiría a todos los campeones peronistas, acusándolos de profesionalismo velado y desterrando para siempre de sus deportes a grandes valores deportivos, suspendiéndolos por 99 años.

Y era apenas el comienzo: la Libertadora, con furia y violencia, iniciaría un proceso de desinversión y desinterés político en el deporte, en el marco, además, de un país cada vez más convulsionado políticamente, que experimentaría la democracia como una excepción durante las siguientes tres décadas, y con crecientes tendencias liberales que promovían el achicamiento de la inversión del Estado en políticas públicas. El deporte dejaba de ser prioridad. El deporte argentino se sumió en una profunda oscuridad. En 1956 Argentina participó de la Olimpiada de Melbourne con apenas 28 atletas.

Fuente: El deporte en la era de Perón

Recopilación: Héctor Pellizzi

 

 

 

 

 

 

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